No quiero que se lleven una idea equivocada…lo que les cuento es íntimo…pero debo compartirlo:

Mi madre es una señora jubilada que disfruta de los beneficios de la modernidad: tiene equipo de música con control remoto donde escucha a diario a Los Nocheros y a Julio Iglesias, tiene un parato de TV para ver TODAS las novelas mejicanas que se den por el mundo, usa el “manos libres” del teléfono mientras busca algo en el cajón, en fin, vive la vida…

Ultimando estaba los detalles de su viaja a Cataratas cuando me manifestó que sería bueno tener uno de esos “aparatitos para hablar”. Ya saben a que se refería, no? Si, si, un celular. El año pasado me pidió que le enseñara a chatear y le dije que no en esta vida, al celular no me podía negar. Además el objetivo era mantenerme informada en sus viajes…

Después de hacer un par de averiguaciones, le compré un celular. Se lo llevé el Sábado a la tarde. Entre café con leche y tostadas le di un pequeño curso: como llamarme, como llamar a mi hermana, como llamar a Lucas, el chico que le cuida los gatos durante su ausencia, como atender, como cargar la batería y nada más. De hecho, ni preguntó cual era el número…se quedó conforme, yo me quedé más que conforme y me fui.

El Domingo a eso de las 9.30 suena el teléfono de mi casa. Atendí con mi mejor voz de dormida. Apenas pude con un “Hola”. Del otro lado escucho un “Hola Irca, a qué no sabés qué me regaló la Negra?”. Obviamente, la Negra soy yo e Irca es su amiga. Tamaña sorpresa se llevó cuando escuchó “no soy Irca…soy yo…la Negra…tu hija”. Se excusó, no se qué me preguntó y me volví a dormir.

Como a las 11.30 suena nuevamente el teléfono. Casi en el mismo estado que un par de horas antes levanto el tubo, pero antes de poder decir nada escucho “Hola Irca, no sabés lo que me está costando comunicarme con vos”. No sabía si cortar, hacerme pasar por Irca, por una amiga de Irca o desengañarla y decirle que era nuevamente yo.No me gusta mentir, opté por la segunda opción.Muy suelta de cuerpo dice “ah, entonces hice algo mal, no?”. Y yo que se. Capaz que la que hizo algo mal fui yo, no? Por ahí, con una tarjeta de Telecom Global nos manteníamos igual de comunicadas, no se.

Pero no todo termina ahí, el diablo metió la cola, o mejor dicho Lucas, el cuidador de gatos. Inocentemente le dijo “y si en vez de llamarme para ver como están los gatos, por qué no me manda un mensaje de texto?”. Ilusa mamá si piensa que podría asomarme siquiera a tamaña aventura. Ni loca!!!!!!

Resumiendo: antes de hacer un regalo…piensen en las consecuencias.
Nos estamos comunicando…no por teléfono…tengo todo apagado…por las dudas…

María, intentando subir a su mamá al siglo de las comunicaciones…