En el campo sabemos decirle animas a las almas que todavía andan por acá…las que no al cielo ni al infierno han llegado aún…como si fuera que están en un tránsito en el purgatorio sería. Las oímos penar por las tardes y no les tenemos miedos…andan cumpliendo su pendiente sin hacer mal a nadie.

En el estacionamiento del Casino se levantan unas carpas de circo para albergar a un par de docenas de ARTISTAS del circo con la excusa de dar vida a El circo de las ánimas, el último espectáculo de Flavio Mendoza.

Nada es casual ni improvisado…todo sale perfecto…se notan las horas de ensayo…se adivina en tiempo de idear y diseñar…se intuye un prototipado y prueba…el show es de diseño y estoy segura pasó por esas etapas.

Las apariciones de Mendoza son escasas, cede los honores a unos capos en cada disciplina que nos dejaron anonadados con cada performance.

Trapecistas y acróbatas…y saltarines…y gente que se trepaba y otros que se colgaban…y unas que se contorsionaban…y otras que se colgaban y hacían girar docenas de aros de colores y con luces. En lo alto, en el agua, en el piso…saltando…caminando y volando. La sorpresa Romana forma humana y hacia todo eso. Una Belen Pouchan omnipresente. Bailarines y cantantes. 3 payasos que le ponían onda y pausa al mecanismo este que armaba y desarmaba escenarios en un pestañeo.

Hermoso momento, gran factura de un espectáculo nacional al nivel de eventos que solemos ver.

Fue hermoso verlos. Emocionante el tierno final…la música se mezcló con suspiros generalizados 🥰

Maria, soñando…