Ya antes comenté de mi gusto por las obras de Beckett. Admiro esa virtud que tiene de hacer grande cualquier historia que parecería mínima.Fui a ver Final de partida al Teatro San Martín. La semicircular sala Casacuberta es el sitio ideal para que conozcamos la historia de Hamm, Clov, Nagg y Nell, encarnados por Alfredo Alcón, Joaquín Furriel, Roberto Castro y Graciela Araujo.

La acción, si se me permite el uso del verbo que solemos asociar al movimiento, transcurre en un lugar casi vacío, rodeado de una aparente nada, donde el tiempo parece detenido y la historia condenada a repetirse. Una realidad de tiranía que ejercen alternativamente uno y otro estimulan ese equilibrio que hace que todo se mantenga igual…que nada cambie.

El único que podría alterar esa monotonía es Clov, el personaje que encarna muy bien Joaquín Furriel, a la misma altura del talento de Alfredo Alcón. Esos diálogos sin pausa que parecen un contrapunto dan cuenta de un gran trabajo previo. Todo está tan aceitado que no parecía el estreno…daba la impresión de haber hecho la obra cientos de veces. Me conmovió mucho Clov…su manera de caminar, de pararse, de subir y bajar por su escalera…la resignación, casi, de sentir que la vida es una repetición de la nada, con mirada inmóvil, quizás inspirada en la quietud que lo rodea.

De Alfredo Alcón no se puede decir nada que ya no se haya dicho. Es un actor/director de esos que se definen por su propio nombre…es Alcón…y en estos 90 minutos pareciera que da clases.

Fui al estreno y volveré…me quedé con ganas de más.

María, disfrutando del buen teatro 🙂