Hace un tiempo leí algo acerca de una piedra. Dependía del uso que le daban podía ser un proyectil o la materia prima para esculpir una obra de arte.

Un escenario y un micrófono, vistos como una piedra, pueden ser solo un show para lucimiento de un cantante o un show donde disfrutar a un cantante y de paso pensar. Esto último fue lo que hizo Elena Roger del escenario del Ficsur. Por ejemplo: pudo solo haber cantado Alfonsina y el mar…pero de yapa leyó Hombre pequeñito 💜.

Recital íntimo acompañada magistralmente en piano por Nicolas Guerschberg, que se animó a compartir Milonga Tica, dedicada a su novia oriunda de Costa Rica.

La teoría indicaría que debería empezar tibiamente para luego ir in crescendo…pero es sabido que Elena no especula y arranca, transcurre y termina al mismo nivel.

Un par de canciones en Italiano del inolvidable “Mina, che cosa sei”, una hermosa versión de “La vie en rose” como para añorar Piaf…aunque no la cante en la obra. Homenajeando a Serrat hermosa versión de Penélope.

Por si alguna vez olvido lo que la disfruté en Los Miserables…una versión de Soñé un sueño me transportó una década para atrás.

Antes que artista se es persona comprometida y se deja ver en la interpretación de Honrar la vida, Soy lo que soy, Gracias a la vida, A un semejante, Cómo la cigarra…pidiéndonos junto con los coros que pensemos: una mariposa puede vivir 365 días, en promedio dormimos 23 años…cada 26 horas un femicidio. Ni una menos!!!

Y luego milonga de la anunciación, No llores por mi Argentina, de Evita y la inolvidable Non, je me regrese rien.

Y no podíamos pedir más…las cantó todas. Anoche hizo “El cartógrafo”, subió a un avión y se llegó hasta el fin del mundo y se oía menos cansada que yo, que fui público en una función de teatro y hoy dormí siesta.

El motivo del viaje fue cumplido, solo me queda agradecer al universo por tanto.

Maria, desde acá todo queda al norte 😉