En mi afán de compartir el lindo momento quizás caiga en el imperdonable spoiler. Si no la vieran, vayan y en otro momento hablamos.

Después de un tiempo largo, anoche volví a teatro Cervantes. Ese ámbito que parece salido de un libro, amplias escaleras, laberínticos pasillos que comunican salas más parecidas a un castillo que a un teatro.

Luego de haber tomado fotos a las arañas y a los bancos nos sorprendió el anuncio de que se daba sala…y nos indicaron que entremos a través del pasillo derecho, el que permite acceder a los baños. Había que seguir a la manada sin chistar.

Cómo si estuviéramos en gravedad 0 y el arriba y abajo fuera relativo…de pronto estábamos subiendo a una especie de tribuna de madera observando una escena casi televisiva donde Marilú Marini hablaba animadamente con Hugo Mugica respecto de mitos y teorías varias. La entrada al recinto era la salida, y estábamos enfrente a la parte trasera del teatro. Debo reconocer que no todos disfrutaban de la disertación como yo. La charla reivindicaba la sorpresa, el permitido, la libre interpretación, la vida…cuando de pronto la tribuna-platea gira a babor y quedamos siendo espectadores del escenario más bello: la mismísima sala del Teatro Cervantes. Si, si, se abre el telón y el teatro entero es el escenario y el público se ubica entre bambalinas y patas.

A partir de ahí la historia cambió. La entrevista se esfumó y aparecieron los obreros del teatro que encontraron enterrada la mano de Teresa de Cepeda y Ahumada, Teresa de Jesús o Teresa de Ávila.

Las situaciones se fueron alternando entre presente y pasado…una especie de colorida matrioshka que alguien iba abriendo a su antojo con el único objetivo de entretener y sorprender.

Otra novedad fue la música. En vez de poner un disco de Julieta Venegas como en la mayoría de las funciones, de la nada casi, aparece la mexicana que micrófono en mano interpretó la banda de sonido ao vivo.

La puesta en escena es algo único. El nivel de los detalles creativos es increíbles. En el final sentí que extendía mi mano y tocaba lo etéreo.

Sólido elenco acompañando a una Marilú Marini estupenda y a una tímida Julieta Venegas que no fue estrella en ningún momento…fue elenco y si se destacó fue por su calidez vocal.

No es una obra de teatro, es una experiencia. Podría volver, quedan algunas pocas funciones y contadas entradas…pero las dejaré para los que aún no fueron.

Mis respetos a Alejandro Tantanian, se respiraba su creatividad supina.

María