Tengo una libreta que sería de gran ayuda si estuviera a mi alcance el Delorean del volver al futuro. En sus hojas guardo lugares y fechas donde quisiera regresar. Anoche anoté Teatro Celiseo, noche del 25 de Agosto.

Mientras espero la máquina del tiempo recuerdo, y comparto lo detalles.

Ciro Tamayo y Melissa de Oliveira del Sodre de Uruguay, Amir Guetta y Hemda Ben Zvi, acróbatas de Israel haciendo cuadros de una obra llamada Zoog, Igal Pery haciendo una parte del Ave María, Adiarys Almeida y Taras Domitro trayendo parte de El lago de los cisnes y lo mejor claramente de toda la noche Kateryna Shalkina y Oscar Chacón.

Estos últimos son por lo que volvería la noche atrás para volverlos hacer los 3 cuadros. Si los demás bailaban…ellos hacían otra cosa. Algo mágico. Se animaron a una perfecta interpretación de Serenata de Mauro Bigonzetti. Fueron hombre y mujer…Assurd con su acordeón haciendo Serenata maledetta, de Cosentino. Los sentí ahí, presentes, a todos. En mi caso la emoción tiene varios niveles, ellos me hicieron llegar al punto lágrimas. Cosas abstractas fueron visibles: se vio la química, se vio la entrega, se vio soltar sabiendo que no se caería…siempre el otro estaría ahí. Veía sus movimientos y me sentía en medianoche y estaba la luna. Llámenme tonta, pero vuelvo a emocionarme mientras escribo.

Hubo otros cuadros que nomás acrecentaron la ansiedad hasta que volvieron ellos a escena. No se quien fue el productor, pero les puedo asegurar que lo hizo todo simplemente para cumplir un deseo: Quand on n’a que l’amour (Cuando no hay más que amor) es todo lo que está bien en el mundo y si a eso le sumamos el trabajo de Maurice Bejart dejando en los cuerpos de los inspiradísimos Kateryna Shalkina y Oscar Chacón la menuda tarea de hacer palpable los sentimientos más sublimes de la humanidad nada podría salir mal. Un salto al vacío en cada movimiento. Vértigo. El deseo de que eso dure para siempre volvió a aparecer.

Y luego más de Taras Dimitri y Adiarys Almeida y Ciro Tamayo y Melissa de Oliveira y Amir Guetta y Hemda Ben Zvi se llevaron merecidos aplausos hasta que volvieron Kateryna y Oscar al plató. Siempre creí que Julio Bocca sería el mejor Quijote de la historia…compitiendo quizás con Barýshnikov, pero la prueba de demostrar la esencia de la obra en unos escasos 5 minutos me dejará pensando. La adrenalina generada en esos cuadros, de alguna manera me hizo entender que el final se acercaba…no podía haber nada que los superara. Y así fue. Saludo final y ganas de que eso haya sido un concierto de música donde se permite un bis. Pero…no se podía. Y me fui…guardando cada detalla para poder recordar…esperando la máquina del tiempo para volver a verlos.

El desafío del festival es enorme…en un par de cuadros acercarnos al ballet. El objetivo fue cumplido con creces. Dejaron ganas de más. Esperaremos un año. Lo bueno tienda a repetirse si nos empeñamos.

De más está decir que mis favoritos fueron la ucraniana y el Colombiano y esa mezcla de la técnica asiática y la sangre latina. En principio no quería dormir para que mis recuerdos del día no se enjuagaran en la memoria de mediano plazo, pero me arriesgué…y SIGUEN AHÍ!!! Una de las noches mágicas que colecciono 🙂

María, feliz…

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