El recurso de contar una historia con canciones es algo bastante recorrido…pero si lo hacen con calidad vuelve a surtir efecto.

La magia empieza desde el hall. Dan sala…pero en el balcón del primer piso hay un guitarrista rockeándola que nos pone en el brete de entrar a la sala o seguir en el hall…esperando…grabando…disfrutando.

En algún momento debemos entrar y lo hacemos.

Federico Coates…el de “Ni con perros ni con chicos” en Mar del Plata, lisa y llanamente, la descose. Es descomunal lo que hace. Matías Mayer y su bigote se ubican en un muy buen lugar de privilegio. Un irreconocible Cae, el rubio que cantaba en los 90’s, como dueño del bar donde todo ocurre y la talentosa Micaela Racana como la chica de la obra se instalan sobre ese enorme escenario y lo llenan de talento.

Normalmente cantidad no es sinónimo de calidad…si hablamos de tiempo y talento. Melania Lenoir aparece poco para mi gusto…pero solo con eso se transforma en figura. Si lo que hacen los otros es cantar…ella hace otra cosa. Con un caudal de voz y fuerza se planta como ama y señora de cada uno de sus cuadros y se ropa todas las ovaciones.

Es una obra para disfrutar de la buena música, recordar épocas pasadas y deleitarnos con canciones inolvidables que alguien, con muy buen tino, las seleccionó y las hizo obra de teatro.

María, aún oyendo grandes canciones al recordar…

 

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