Qué lindo salir de un concierto con los ojos y mejillas rojos de emoción. Suele pasarme eso cuando veo a Elena Roger sobre un escenario…y hoy con el plus de que era la última fecha de la gira antes de ser mamá…puff…multipliquemos la emoción.

Ignoro quien ayudó en la elección de los temas, felicito a quien haya elegido una GRAN canción de mi admirado y querido Javier López del Carril. Sus dedos mágicos sobre unas simples cuerdas de guitarra producen magia y esta noche destiló tanta que inundó todo el Coliseo. La voz de Elena transformó la canción y generó una versión muy bonita, que espero esté en un futuro disco. Me quedé con ganas de más.

Luego una canción de otro talentoso, Lisandro Etala y Vida, de Sebastián Irigo.
Pasados los nervios de los primeros minutos…nervios míos digo..Elena y la banda tranquilísimos…pasadas las primeras canciones todo devino en momentos geniales. Bellas canciones de otros discos, de obras de teatro en las que trabajó y lágrimas al escuchar Cuadrados y ángulos de Alfonsina Storni. Una seguidilla de aciertos que sistemáticamente terminaban con ese aplauso liberador.

Se percibía que algo se estaba armando. No se si nació en las primeras filas o en las últimas del último piso…algo grande se estaba armando…una masa de energía se estaba formando y estalló en forma de ovación en el final de Non, je ne regrette rien. Y no era para menos, quien conoce la versión que hace esta muchacha siente que es la misma Edith Piaf quien le presta unas cuerdas extras para lograr esa inmensidad de voz.

Y pasaron 2 horas de canciones…y necesitaban irse…y queríamos más…y nos dieron el gusto y siguieron. Disfrutamos un compacto de Evita que fue un lujo, para terminar con una hermosa versión de Himno de mi corazón.

Final de concierto maravilloso…lo que vino después fue yapa , una muestra más de la generosidad del universo para conmigo.

María, noche a todo lujo…inolvidable por donde se la mire…

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