Obras como la que vi esta noche me hacen acordar los motivos por los que me gusta tanto el teatro. Ver talento en abundancia sobre un escenario siempre es gratificante.

No cuento los finales porque quiero que vean las obras. En este caso haré una excepción…contaré el final de la historia y los dejaré con ganas de conocer el principio. Eso es lo que hace la obra. Empieza por el final y va retrocediendo hasta llegar al mismo origen de todo. Me gusta la palabra analepsis por como suena y por lo que significa. Recuerdo haber visto el recurso en algunas obras de teatro…aunque sin la profundidad que en Traición.

La escenografía y el vestuario nos hace pensar en los 70’s. La atmósfera es de esa década. Mientras nos acomodamos los actores van haciendo suyo el escenario. Nos sentamos…se apagan las luces y empieza. Un encuentro de Jerry y Emma, ex amantes, luego de 2 años de no verse. Escena tensa donde se sinceran ciertas cuestiones. Ese sería el presente. Cambio de luces, alteraciones en el vestuario y en la escenografía y la magia los lleva 4 años para atrás…y a nosotros con ellos. Eramos todos tan diferentes ayer. Todo era tan diferente ayer. Y otro cambio y un retroceso más…y así la función termina en el mismísimo instante en que la historia comienza.

Fue tan placentero ver a Paola Krum sobre un escenario después de casi 6 años. Claramente me quedé con ganas de más…no porque le falte algo a la obra sino porque cuando la cosa es buena da para repetir…y eso haré. Volveré y disfrutaré nuevamente. Daniel Hendler y Diego Velázquez completan el elenco bajo la dirección Ciro Zorzoli. Gran opción para estas noches de frío de fin del invierno en una sala tan bella como El picadero.

Se las recomiendo vehementemente…si van…me van a encontrar…si, si…volveré y más de una vez…estoy segura.

María, disfrutando tanto del teatro…

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