Pensar en una parra no es solamente pensar en la planta que da uvas. La parra que da frescor es esa que, caprichosamente, hacemos enredadera para que oficie de techo natural para albergar historias de veranos. Esto no suele pasar en la ciudad…por lo que la parra también nos hace viajar a otro sitio…y esas historias de verano nos dan nostalgia y traen recuerdos, por lo que también viajamos en el tiempo.

Eso es lo que provoca El frescor de la parra, hermosa obra de Araceli Haberland, que se puede ver los Domingos a las 19.00 en El desguace.

Un par de días en la vida de dos familias linderas, de este lado la casa de Ana y Marta, algo vacía desde el fallecimiento de la madre y al lado Zulema, sola desde que su hijo se fue a estudiar a la facultad. No hay medianera que las divida…a veces el crecimiento desmedido de la parra provoca cierta tensión, pero también provee la excusa para la visita. Un día vuelve el hijo de Zulema al pueblo y todo se sacude y se empieza a escribir otra historia.

La escenografía es sencilla…no se necesita mucho más para contar una buena historia. Delicado y efectivo trabajo el de Dolores Rodríguez Braum, como Zulema, que con sus apariciones marca el sentido de la historia en cada momento. Ella es quien trae el afuera, la noticia. Conmovedora la imagen en la que aparece con el saquito beige en el baile…con solamente prendido el botón de arriba. Es un detalle tan logrado que, aunque parezca mínimo, demuestra que esta gente ha pensado en todo. Completan el elenco la misma Araceli Haberland, Mercedes Candegabe y Julián Paul.

Recomiendo vehementemente para una tarde de domingo…cuando entra la hora de la nostalgia. La seguirán teniendo, pero la vivirán de otra manera…algo más acogedora y se disfrutará de un gran momento teatral.

Vayan…no se van a quedar para siempre…no digan que no les avisé.

 

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