Como el aire invisible es una de esas obras que se disfrutan durante una hora y se siguen pensando al día siguiente.

6 personajes o 6 variantes del mismo personaje…El Horla de Guy de Maupassant, aquel que en una lectura liviana se le podría llamar loco.

El relato empieza un 8 de Agosto. Un 8 de Agosto que lucía normal, que se fue transformando en el inicio de esa historia que estremece y nos conduce hasta el inexorable final. (Siempre me pareció que libros con diálogos deben ser los más sencillos de llevar a un escenario, pero cuando se trata de algo con la riqueza narrativa de este libro, siento que requiere un trabajo adicional de la dirección para lograr que sea entretenido, llevadero y que nos mantenga alertas y expectantes).

Al principio solo se trataba de no poder dormir, de las sensaciones que aparecen cuando el sueño no llega…o es corto. Luego sueños que por momento parecieran parte de la realidad. Luego la certeza. Esa seguridad que todos compartimos: nuestros sentidos son muy precarios como para poder percibir todo. Nuestros ojos no ven lo muy pequeño ni lo muy grande…y como tautología…no ven lo invisible. Y lo invisible está…y se siente. El aire que nos rodea…y nos provoca…y pueda cambiarnos…y no vemos. El viento que derriba edificios…ruje…silba…y no vemos.

Si han leído y disfrutado del fantástico relato, vayan y lo verán magníficamente interpretado. Si no lo conocen, asómense al Sala Escalada y déjense sorprender. No voy a contar más porque no se puede…y porque espero que vayan y comprueben por ustedes mismos lo buen teatro que se puede hacer en la ciudad.

Gran trabajo de Gabriela Julis, Ignacio Masjuan, Julieta Correa, Nela Fortunado, Verónica López Olivera, Fernando Rodil en la actuación y de Florencia Suarez Bignoli en la dirección.

María, pensando en el poder de lo invisible… 🙂

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