Dificilísima tarea elegir la primer frase: he pasado un fin de semana inolvidable…y fue este último.Fui a New York a ver Evita.Podría terminar acá…está todo dicho…pero tengo ganas de proporcionar detalles.

Vuelo de American Airlines. Carreteamos…cuando casi casi íbamos a despegar nos informar que hay un desperfecto y debemos volver. Bajamos. Esperamos. Revisaron el motor, lo reparamos y se podía volver a subir. Algunas personas sentían temor. Yo no…sabía que nada malo podía pasar el día que iba a ver a Elena Roger haciendo de Evita en Broadway.

Viajé sin equipaje, eso me permitió ganar unos minutos por sobre los que cargaban maletas. Fui directo al hotel Wellington. Habitación 1112. Abrí la puerta. Cocina. Pasillo que llevaba a la habitación con cama king size, sillón de 2 cuerpos, TV de 30 pulgadas y una puerta. Puerta que llevaba a otra habitación con cama king size y TV de 30 pulgadas, un escritorio y baño. Una topetitud como diría alguien.

Caminé por la 7th avenida, luego por Broadway hasta el Marquis. Una entrada a mi nombre y a disfrutar un poco antes de la función.

20.00…sala llena. Delante del telón azul, una foto de Eva como la que aparece en la tapa de La razón de mi vida y otra de un caballero que no reconocí como un joven Perón…pero capaz si…no lo se.

Se levanta el telón y se escucha ‘Eva Perón spiritual leader of the nation entered immortality at 20:25 today’. Y ahí nomás arranca el requiem. Hombres, mujeres y niños de luto y llorando. Arriba imágenes reales en blanco y negro de alguna transmisión de la TV de aquella época. Ignoro el motivo, pero así como caían las gotas de lluvia en aquel velorio, sin querer dejé caer unas lágrimas.  Es una historia, pero en parte es nuestra historia…y no pasó hace taaaanto tiempo.

Aparece quien sería el relator de toda la historia encarnado en este caso por Ricky Martin y empieza a contar la historia de esta muchacha llamada Eva Duarte que empezó en un pueblo del interior y terminó siendo lo que decía al inicio ‘líder espiritual de la nación’.

Se rebobina en escena y la historia empieza a transcurrir y Elena Roger se va transformando y canta y baila y despliega todo lo que sabe hacer. Y llega aquel acto en el Luna Park donde conoce a Perón. Y así como empieza a convencerlo de que ella sería buena para él…termina de convencer al público de lo buena que es. Yo lo sabía de antes…pero bueh…el publico se renueva. Un par de escenas más y termina el primer acto con el escenario envuelto en banderas argentinas que caen desde los balcones. No se si es esa imagen que vuelve a mi mente o la temperatura de la habitación, pero se me eriza un poco la piel nuevamente.  Todos cantando ‘La nueva Argentina’!!

Entreacto. Tiempo suficiente para mandar mensajes a conocidos. La estaba pasando muy bien y lo quería compartir. 🙂

Segunda acto. Perón lleva de la mano a Eva al balcón. Ese balcón que todos miramos desde la Plaza de Mayo y recordamos la cantidad de cosas que allí sucedieron. A manera de encanto, de pronto, empieza a oirse It won’t be easy, you’ll think it strange. Qué momento!!! No había mosca que volara, ni caramelo que se pelara, casi no se respiraba. La capacidad entera del teatro rendida a los pies de Elena.

Sigue la historia, el vals de Eva y Che, y la canción que no estuvo en la versión original: You most love me. Si hubiera un medidor de emoción hubiese empezado a marcar una subida pronunciada. Conforme avanzaba el tiempo se acercaba el final y ese medidor seguramente ya no tendría más escala para marcar. Y luego la ovación del final…un orgullo que solo se puede expresar aplaudiendo. Aplaudiendo y viendo al público aplaudir. Qué linda sensación!!! Lo único que puedo decir es que unos 10 minutos después de haber terminado la obra, ya en el camerino, la señora Roger me dijo ‘vos lloraste’. Y si…¿qué duda cabía?

La vida, en su infinita generosidad me permitió estar ahí.

Varios amigos preguntaron si tomé fotos. ¿Para qué? – pregunté. Para tener el recuerdo – respondieron. ¿Perdón? ¿Alguien piensa que necesito una foto para recordar? Pero qué poco me conocen colegas.

Así como el público esperaba a Evita para fotos y autógrafos, New York me esperaba a mi y la disfruté.

María, la pucha que vale la pena estar viva…

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