Melisa Hermida tiene ese no se qué que le imprime a sus obras…una especie de marca de agua que se ve desde todos los ángulos.

Afortunadamente pude asistir nuevamente a Memoría de un gesto en Timbre 4. Una historia loca en época de la guerra fría. Uta e Milton, una pareja de agentes en increíbles misiones. Helstag, un patinador ruso que pide asilo político, se le asigna una agente de campo y así empieza la historia. Weston, un primer ministro que tranquilamente podría ser líder de Control o del Recontraespionaje. Galo, el que se ocupa de la logística de los agentes, con una risa de locura nos provoca a todos. Nadie se puede tomar en serio las situaciones…y creo que eso es lo que la hace más graciosa todavía. ¿Y qué sería de espionaje sin el amor o sin un triángulo amoroso?
Música, libro, luces, actuaciones…todo para hacer que el disfrute de la historia sea completo. Hay patinadores y gente que habla ruso. Incluso la emoción aparece en medio de todo eso.

Los invito a verla…un rato antes de la medianoche de los Sábados. Tiene de todo…la van a pasar bien.

María, todo tiene un final…aunque no se sabe el color.

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