Fue el primer musical que vi. Apenas desembarcada en la gran ciudad me asomé a ese enorme teatro y quedé fascinada. Pensé que no recordaba las canciones, pero apenas sonaban algunos acordes y me acordaba del resto.

Esta temporada la obra está en Buenos Aires…en El Nacional. Me encanta la sala y ese escenario, que ahora por obra y magia de quien sabe quien…es más grande…y además gira…

Salvo la señora Julia Calvo, todos desconocidos los demás para mi. Y son muy buenos…en especial Natalie Perez como Clementina.

Cuestión que suena el teléfono y dios le avisa al padre Silvestre que se viene un nuevo diluvio. Como suele ocurrir en estos casos, no es posible que se salven todos…solamente un grupo de elegidos y casualmente son los pocos de esa aldea. Siempre hay alguien de poca fe, que cuida el dinero y respeta la autoridad…pero del otro lado está el hombre de fe y su entusiasta pueblo. No puede faltar la oveja descarriada que es perdonada cual Magdalena y tiene que haber un amor prohibido…lógicamente. De ahí viene la belleza de ‘qué pena que sea pecado…‘.

Se dispone de 3 días para convencerlos, procrear, construir el arca y traer una pareja de cada especie. Y lo logran. Verlos armar el arca en escena me hizo recordar cuando necesito instrucciones para armar los juguetes que traen los huevos Kinder. Y bueh…una no vive en la aldea elegida para ser salvada del diluvio…soy una persona que se dedica a la informática…con las limitaciones que ello implica.

La obra tiene un dejo de candidez que hace que todo parezca lindo…y que la canción de la hormiga que mueve la montaña sea dulce para los oídos y el final haciendo palmas en un nuevo sitio disponeis para un amigo más…y que la paloma blanca se pose sobre el lugar vacío son el broche necesario para semejante historia.

Creo que todos deberían ir…saldrán con una sonrisa en la cara y en el pecho.

María, que pena que sea el pecado y que el pecado termine así…te persigo de noche y te sueño de día…

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