Bella noche de Miércoles. Asumí que no se puede estar en dos lugares a la vez, me tenté con un espectáculo en una escuela de títeres en Avellaneda (soy entusiasta fanática de ese tipo de teatro) pero no llegaba…así que me quedé en Silencio de Negras viendo No soy un caballo.

Llegué 3 minutos tardes…pensé que no me iban a dejar entrar porque suelen ser muy puntuales. Hubo un problema con las luces y todo se pospuso. Tuve tiempo de disfrutar de la noche en el patio y caminar un poco por la casa.

Estratega como soy, me ubiqué enfrente del cartel de Salida…estaba recién cargado…iba a iluminar. Como refuerzo…al lado de la consola de luces y sonido. Se apagó todo y…oscuridad total!!! Cerré los ojos…es la nueva técnica que estoy probando. No veo porque está oscuro…no veo porque cierro los ojos.

Fernando, Matías y Esteban. Tres amigos habitando la casa del abuelo de Esteban por un fin de semana. Fueron a vender máquinas y caballos para saldar deudas. Lejos de sus habituales vidas, con los recuerdos a flor de piel, circunstancia propicia para dejar al descubierto temores y secretos.

La sala es pequeña, pero el director se las ingenió para darle espacio. Puertas que se abren 2 veces, compartir ámbito de espaldas, círculos…en fin…creatividad puesta a la orden del arte.

Me gustaron las actuaciones de Diego Cremonesi, Francisco Egido, Walter Jakob, los rubros técnicos ayudaron mucho para que esas escenas de borradores escritos alguna vez se fueran transformando en una obra de teatro.

Final cargado de emoción, un homenaje al cariño y al buen recuerdo.

Quedan 2 Miércoles en Noviembre. Últimas 2 oportunidades de verlos en acción.

María, mitad de semana… 🙂
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