No me es indiferente la violencia…y me parece bien que así sea. No es un tema más, ni un detalle en una historia. Claramente está dentro de mi lista de inaceptables.

Fui a ver El pozo donde se encuentran a Timbre 4 y salí llorando. No me avergüenzan mis lágrimas, son genuinas y el no tragarlas se me hace imposible…creo que son una manifestación de lo que soy y entiendo que se me salgan cuando algo en mi se retuerce en las tripas.

Historias diferentes. Historias similares. Historias con el mismo final. Historias sin final feliz. Durísimas todas. Violencia de género, el enterrar el cuerpo tratando de enterrar la historia. Me sentí dichosa de no encontrar necesidad de olvidar. Uno de los actores dice ‘no la mates, es peor’. Pasa que esas muertes literales mantienen desenterrados los recuerdos y las culpas. Por momentos sentí que esa locura a los que los somete la razón es un merecido castigo, pero luego me di cuenta que carezco de la posibilidad de emitir juicio, por lo que me limité a ser espectadora y sentir. Sentí impotencia y sentí dolor y sentí angustia.

En este minuto siento que no volvería, no porque la obra sea mala, sino porque todavía oigo los gritos por sobre la canción…y sigo sintiendo aversión a esa violencia.

Y hablando de enterrar, de pronto, el recuerdo desenterró al inolvidable Sabú al hacernos escuchar esta bella canción de amor.

María, final de finde…

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