De las interacciones biológicas que estudié en el colegio, mi favorita la protocooperación: pueden vivir de manera separada, pero en la unión, ambas especies se benefician.

Haciendo una analogía (y justo hoy me vengo a dar cuenta que detesto las analogías), aquella Salomé del Antiguo testamento, la del cuadro de Tiziano, la de la obra del gran Oscar Wilde y Mauricio Kartún podrían transitar la vida por veredas separadas sin necesitar una del otro, pero, se unieron y dieron vida a Salomé de Chacra…y el resultado me pareció que benefició a todos.

Nunca pensé que podía reír en una puesta sobre una tragedia…y anoche lo hice. La historia original era de por si jugosa, imaginen la ganancia de tener a Herodes casado con Cochonga viviendo en la pampa, en una hacienda, no estancia…ha-cien-da, festejando faena de chancho y vacas, teniéndolo todo…es decir: la chancha, los veinte y la máquina de hacer chorizos.

Y también existió un Bautista con una cabeza pedida por la muchacha a su padrastro a cambio del bailecillo. Y el deseo es concedido y la muerte provocada y la locura instalada.

No se como habrá sido la puesta original francesa, pero les aseguro que ver a Cochonga disparándole con un Remington Patria a su segundo Herodes desde el gallinero y luego huyendo a las tolderías ¿existirán todavía? merece un aplauso por la creatividad.

Los que han podido disfrutar Ala de criados, encontrarán acá el sello Kartún, ese estilo inconfundible capaz de situar cualquier tiempo en ese tiempo.

Un lujo ver a Osqui Guzmán, Manuel Vicente, Lorena Vega y Stella Galazzi en esa tragedia absurda, mixtura extraña de carnes, sangre y emociones, embutidas en tripa, atadas con hilo choricero…en ristra.

Y como siempre me pasa con los libros de Kartún, pasan las horas y me voy acordando de algunas genialidades: lo de la rúcula, lo de los regalos usados, el apodo de las muchachas de la casa a Herodes…y tantos momentos más que espero los tomen de sorpresa…cuando vayan a ver la obra al Teatro San Martín…de Miércoles a Domingo…en esta temporada.

María, qué genial es este Mauricio Kartun!!! Lo que me provocan sus textos…

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