Hoy extraño…como para resumir…extraño el pasado. Siento nostalgia se podría decir…aunque cuando lo pensé dije extraño…así que así lo dejo.

Me desperté temprano…unos minutos después que Mía, la perra que mis vecinas dejaron sola. Evidentemente ella también extraña…a sus dueñas supongo…y lo demuestra ladrando. Anoche lloró…hoy ladró.

Desayuné rico y fui al super. Improvisé una lista de compras para no pasar mucho tiempo en el lugar.

El auge de los autoservicios ayuda a los que no tenemos voz para articular palabras por la mañana, pero como contrapartida nos da un abanico tan grande de posibilidades que francamente abruma.

Fui a la góndola de productos de limpieza. Por un lado productos en crema, por otro los de gatillo y por último los que vienen el polvo. Dentro de los de gatillo, están los dedicados a la cocina, los que son para el baño y los que limpian vidrios y superficies delicadas. Dentro de los limpiadores de baño, están los que quitan el sarro, los que desinfectan, los que tienen oxígeno activo, los antihongos y los indicados para limpieza profunda. No quiero seguir…los recuerdo a todos…pero la idea original se fortalece y busco olvidarla.

Extraño la época en la que iba al almacén, pedía un detergente, pagaba y me iba a casa. Pasé varios minutos tratando de decidir qué quería hacer en la cocina: limpiar, sacar la grasa, desinfectar o tener super poderes.

María, ¿es necesaria tanta variedad?

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