Hermosa noche de Sábado para ser empezada en el teatro Beckett, en Guardia Vieja 3556.

La excusa, el estreno de Los insolados, de Hernán Morán.

Fue una obra extraña, como si hubiese encontrado algo sin leer de la pluma de mi admirado Horacio Quiroga.

La historia transcurre en Misiones o cernanías…en la proximidad del monte, cerca de un río. Entre sus protagonistas estaban Alicia y Jordán de ‘El almohadón de plumas’, Berta y Mazzini de ‘La gallina degollada’ y algún otro de otros cuentos que hoy no tengo en mente.

Además de su obra, a Leopoldo Lugones siempre le agradecí haberse llevado al señor Quiroga como fotógrafo…siempre sentí que ese viaje provocó lo mejor de su narrativa.
La muerte nunca le perdió el paso, y eso suelo sentir al leer sus obras…la muerte es siempre un ingrediente necesario…como la vida.

Hernán Morán logró transmitirle esa misma tinta a su obra.

Jordán vendió todas sus propiedades y se instaló en el monte con su esposa y cuñado. Pronto Alicia empezó a sentir los síntomas de raras enfermedades que producen fiebre y alucinaciones. Isolda, una mestiza que vive en la casa es quien la alivia, sabiéndose pagando el pasaje al cielo con sus acciones.

Berta y Mazzini, alertados por un presentimiento de Berta, prima de Alicia, llegan a la casa para acompañar a Jordán en sus penurias. En Posadas han dejado a sus hijos mayores, enfermos también de fiebres, y a los pequeños mellizos de 18 meses, sanos aún.

La dirección de la pieza es impecable, lograron transmitir el ritmo cansino, agoviante, que provoca el calor a la hora de la siesta. Todo en ese ámbito transita a ese ritmo y se me contagió. Impecable, claro e inequívoco el cambio de realidad a pesadilla. Colores en las luces, quizás sombras, y todos sabíamos donde estaban.

La superstición y el respeto por la naturaleza como contexto nos deja parados frente a una bella puesta de una bella obra…que espero es asomen a ver al, bello también, teatro Becket.

Apartado especial para la música: un violín ejecutado magistralmente durante toda la obra…muy aplaudido (merecidamente) en el final.

María, revisando libros…quiero volver a leer Cuentos de la selva!!

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