La tenía en mente hace un tiempo…este Sábado finalmente pude ir. He dicho varias veces que el Paseo La Plaza es uno de mis favoritos…y noches como esta ayudan a que lo siga sintiendo.

Escenografía austera, precisa. Llegan 3 amigas a la casa de una cuarta recientemente viuda, cada una con un muñeco con facciones similares a las de su pareja, planeando algún ritual vudú.

Aguja de tejer enorme a punto de empezar a ser clavada…pero antes…un brindis. El alcohol, quizás, es quien provoca la primer confesión. Situación complicada. Como para minimizar la falta, intentan encontrar el lado bueno a la situación, explicando que, en realidad, más que algo malo…lo que sucedió sería una bendición…algo que ayuda a curar la obsesión que cada una de estas muchachas siente por su hombre/amante/novio/esposo.

Confiesan ser el tipo de mujer que ama demasiado, pero con firmes ganas de cambiar y dejar de serlo. Una de ellas trae a la reunión un libro de autoayuda, mas es desestimado por las demás.

Estas 4 amigas, aunque iguales en parte, muestran sus diferencias con un juego de luces interesante…como si la acción se dividiera en 2 planos y se genera una comunicación individual, directa con el público, mientras la otra escena se congela en la oscuridad. Así somos testigos de lo que no se dice y ayuda a entender la situación.

Muy buenas actuaciones…me reí mucho…con cosas del libro y otras que se adivinan improvisadas. Deben ir…pareciera una obra para mujeres…aunque había un par de muchachos y se rieron a la par de cualquiera de nosotras. Deben ir, la van a pasar bien y van a recordar algo de matemática en eso del carácter transitivo y despejar la incógnita ‘x’.

Me tiento y tengo ganas de contar más…pero no…es preciso que vayan. El lugar es precioso y la obra es ideal para una nochecita de Sábado de esta primavera. Lindo trabajo de Martina Zapico, Susana Giannone,  Fernanda Metilli, Silvina Schroeder, dirigidas por Pablo Rodríguez Albi.

María, con ganas de un Navarro Correas…

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