Cumpliendo con un deber cívico y un placer democrático…revolví un par de cajones, encontré mi DNI y partí rumbo a Bartolomé Mitre 2455, mesa 884 a votar.

4 meses en la planta baja. La cola de la de la 884 tenía alrededor de 20 personas. Calculé a un par de minutos por persona, almorzaba con mi madre tranquilamente.

Lo de un par de minutos por persona corrió por mi cuenta. Empíricamente corregí el tiempo de cada votante: promediaban los 12 minutos.

Tras que la cola caminaba leeeenta, justo a los amigos de los fiscales se les ocurrió traer triples de miga, alfajores y jugo para hacerles creer que era el almuerzo.

Una hora de plantón…cuando vi que estaba promediando el trámite…una señora pidió que le cedamos el turno. Todos aceptamos. Luego alguien se animó a comentar que no se la veía mal ni muy mayor…pero bueh…ya está…queríamos votar!!!!!

Llegó mi turno y entendí el motivo de la demora. La sala de 2do grado ‘B’ era la asignada para la mesa 884. Un par de escritorios cumplían la función de Mesa y en el medio del aula 3 paneles de madera con bisagras improvisaban un cuarto oscuro. 2 metros de alto…1 metro cada panel. Una especie de caja de heladera.

Las paredes interiores tenían algo así como bolsillos transparentes donde se encontraban colocadas las boletas. Desordenadas, superpuestas, mitad dentro del bolsillo mitad colgando. Si ya era difícil encontrar el nombre/número buscado…imaginen el destino de quien pensaba cortar boleta. IM-PO-SI-BLE!!!

La gente de la mesa vecina, la 885…actuó a la vieja usanza: en el aula las boletas sobre los escritorios y en el pasillo las autoridades de mesa verificando documentos en las planillas. Ahí si que los votantes entraban y salían como piña.

Afortunadamente el menú en lo de mi madre era tipo minuta. Sartén en el fuego y a freír las milanesas en el momento. Golpe de horno para calentar la calabaza asada y listo.

Camino de regreso a casa, aguardando que sea de noche y escuchar los primeros cómputos, me puse a reflexionar en el acto eleccionario y su significado.

Soy profundamente democrática, pese a la falta de sentido común de la mesa 884, me siento feliz de ser parte de algo. No he conocido gobierno ideal…a todos les cambiaría algo…pero a todos he defendido. Sigo aguardando que estado sea más importante que gobierno y que podrán cambiar colores, pero en el fondo el proyecto siempre podrá ser el mismo.

Sentí que mi deseo es algo utópico quizás…pero no por eso imposible. Sigo esperando un cambio…de arriba…de abajo…de los costados. Para que sea más fácil el encuentro, sigo haciendo mis pequeños cambios: junto ropa entre mis amigos y la acerco a los que tiene frío; preparo el termo de té con leche y comparto con los que tienen el cielo y las estrellas por cielo; sigo poniendo mi voz a los libros en el rincón de lectura; regalo una moneda y un turrón a cada niño que me pide solo el metal y me gano una sonrisa de caras sucias.

Todo lo que quiero y espero es posible…simplemente puede tardar un poco más.

María, votante…

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