Cuando conocí de la existencia del Popol Vuh, casi automáticamente se transformó en un objetivo para leer…y luego en un material al que recurrir cuando terminaba otros libros. Un poco por la manera de contar la creación y otro poco por saber que fue escrito por un pueblo. Una creación colectiva que me pareció fascinante.

Cuando me enteré de la existencia del espectáculo El fulgor argentino…y de sus características…no pude menos que reservar entradas e ir.

Benito Perez Galdós 93. Esquina con un gran cartel que reza El Galpón de Catalinas. Todo en el lugar es original. No hay cocheras…los vehículos quedan en la calle…cuidados por persona del comedor infantil ‘Los pibes’ que cobra $3 a manera de Bono contribución. Al momento de dar sala…parte de elenco…simpatiquísimas señoras extraídas del siglo pasado nos llegan a nuestras ubicaciones.

La historia transcurre en el salón donde se realizan los bailes de Carnaval del club El Fulgor Argentino Club Social y Deportivo. Un señor Rotondaro da la bienvenida y arranca el primer baile. Unos orquesta típica toca tangos para que las parejas bailen y los mozos sirven alguna Mariposa, Vidú u otras bebidas. Presidente del club, sacerdorte, profesor de música, jefe de bomberos, comisión de damas…todos participan del festejo…y de la obra un grupo de vecinos. Esa es la idea…un grupo de vecinos…sin nombre en una marquesina…protagonizan una historia de 100 años que arranca alla por el 1930, y va demostrando la evolución de esos bailes, en concordancia absoluta con los cambios de la sociedad argentina.

Vemos pasar presidentes, elegidos y de los otros, al ritmo de canciones conocidas con letra cambiada para la ocasión. Similitud con la murga…otro género también de mi agrado. Todo un pueblo asumiendo todos los roles…contando en primera persona la historia. Despertar de la conciencia de saber que estamos haciendo la historia que luego contarán los libros. Tremenda responsabilidad la que nos toca.

Gran final estilo retirada…100 utópicos cantando y bailando…y a la salida la posibilidad de entrarle a un choripán o bondiolita como para sacar el frío. Todo a precios más que razonables.

Muy linda experiencia para compartir. En mi caso…con uno de mis chicos favoritos. A la salida pizza de Banchero y luego el regreso en un taxi que hacía ruido a destartalado…manejado por un pibe de rastas. Pese al frío, abrí la ventana y respiré aire puro…el olor del interior del vehículo desmayaba a cualquiera. Me pareció que no se limpiaba desde el inicio de la historia de la historia del Fulgor argentino.

María, mientras la vida nos de latidos habrá un motivo que celebrar…

Escuchar canción

Anuncios