Según el diccionario de la real academia española…la esencia es Aquello que constituye la naturaleza de las cosas, lo permanente e invariable de ellas.

El lugar, la sala del teatro El Piccolino nos recibió con un agradable aroma a esencia de hornito de las que me gustan mucho. Se percibía un sabor cítrico…quizás limón, quizás naranja…da igual. El escenario…un medio limón y una media naranja. El planteo de la obra era ese: ¿Qué pasa si en la búsqueda de la famosa media naranja se encuentra un medio limón?

La obra intenta encontrar la esencia de las personas vistas en el momento del encuentro entre 2 personas…desconocidos que intentan ser pareja o ex-parejas.

Romina y Lucas, 2 desconocidos en un supermercado. La pasión de él, el football y Estudiantes de la Plata, le parece fascinante a ella…y él encuentra atractivo el hobby de ella, tocar la guitarra. Tanto así es la conexión, que tras una corta charla tienen su primer cita. Luego, lo que enamoró en el primer momento se vuelvo poco menos que insoportable con el pasar del tiempo.

Segunda escena…cita entre Clara y Facundo, ex-pareja, que habían roto hace tiempo porque evidentemente eran diferentes…y pasado un largo tiempo…seguían siéndolo.

La tercera, un encuentro casual en un tren subterráneo. María y Luciano…ex novios. Todo lo que en el pasado los separaba había sido cambiado por ambos…se transformaron en lo que querían ser…y la distancia entre ellos seguía ahí.

Desencuentros, nuevos encuentros, nuevas historias…revelando que en el fondo, la esencia de cada uno, sigue siendo la misma…pero intentando probar que en la variedad de la mezcla de esas esencias puede radicar el éxito final del aroma.

6 seres inevitablemente solos que buscan encontrar a alguien…y si es el indicado…mejor.

Linda comedia para reírse y verse reflejado en algún momento.

Un apartado especial para la música. Inequívoca selección de canciones que todos conocemos. Muy buenas las interpretaciones de Carolina Amoroso.

Muy acertado el trabajo de Fernanda Casares como autora, directora y actriz.

Un dato de color: sala repleta…es decir…gente haciendo cola para entrar. Como corresponde, respeté el lugar de llegada y me ubiqué en la fila…en el lugar que me tocaba. Arribaron 2 (dos) muchachos y se colaron delante mío como si estuviera pintada. No dije nada…no me molestan esas cosas…hay gente desubicada siempre. Sin querer, escuché la conversación. Uno de ellos le confesaba al otro que esperaba que la novia estuviera en el baño para revisarle el teléfono celular…y le explicó que, si se apura y lo hace bien, puede enviar un número a la compañía de celulares y recibir al toque una respuesta de cantidad de mensajes o duración de llamadas o claves o cosas así. Manifestó que siempre le quedaba la duda de si era verdad que la novia salía con las amigas o tenía otras citas, y de ahí la necesidad de controlarla. Escuchando tamaña imbecilidad, adiviné que en la esencia de ese caballero estaba el engaño…y…que si la lógica aplicara en estos casos…sus sospechas serían fundadas…pero él nunca se daría cuenta.

María, tomando té…oliendo rica esencia de limón 🙂

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