Casi como aquella canción que dice Que lindo que es soñar, soñar no cuesta nada, soñar y nada más, con los ojos abiertos, el libro de Diego Faturos nos ubica como testigos de estos personajes sacados totalmente de noción de tiempo y lugar. Hay un afuera…por lo que asumimos que ellos están adentro.

Duermen/sueñan/viven en una cama…rodeados de agua…sin puertas ni ventanas. Sueños recurrentes. Sueños compartidos. Sueños que son recuerdos. Sueños que son anhelos.

Ionesco…que no se como llegó hasta ahí, su hija y un amigo…y la visita inusual de una asistente social que llega, comparte y se va…dejando algo de ella para ser recuerdo…y sueño.

Todo lo de Timbre 4 tiene belleza…y esta obra no fue la excepción.

La perfección de la tarde se vio empañada por unos instantes en los que un taxista que me acercaba a casa, sin que yo dijera nada, dijo ‘las mujeres no tienen que manejar…son dispersas…el 80% del tiempo hacen boludeces en su vida…no sirven…dirán que soy racista…pero es la verdad…no sirven’. Todo esto mientras era encerrado por un auto verde…conducido por un señor. No entendí nada…bah…capaz no pasó y solamente lo estaba soñando.

María, terminando el Domingo…con una sonrisa…

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