5 historias. 5 personajes encarnados por la cameleónica Paula Ransenberg que pasa casi con naturalidad de ser Alberto…no ‘Don Alberto’…sino Alberto, a estar en el fondo del mar…y de jugar con su muñeca a transformarse en geisha.

Muy cuidados todos los rubros técnicos…cada detalle mereció consideración y todo ser resolvió con precisión suiza. Se ve la transformación sobre el escenario…la muñeca no solo es muñeca. Abro paréntesis…diciendo esto me sentí dentro de ‘En el hospicio’, canción de Pastoral que dice ‘Me hace mal la realidad de saber que el perro es perro y nada más’. Cierro paréntesis y vuelvo a la obra.

Un párrafo aparte merece el final ‘musical’ del tercer acto. No se puede contar para no arruinar la sorpresa.

La hora que dura la obra pasa volando. Me quedé con ganas de más. Sentí que a Paula Ransenberg le sobra talento para montarse en 2 ó 3 personajes más…aunque quizás la idea es dejarnos con esas ganas para tener que volver…o recomendar.

María, final de finde…

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