Lo primero en lo que pensé al terminar la obra fue ‘qué buen libro’…y lo sigo sintiendo así.

Una semana en la que hay una gran revuelta en Baires originada por un reclamo salarial…3 niños bien en Mar del Plata y Pedro, un palomero de La Plata devenido en cuenta propista pintan al detalle a nuestra sociedad del año 1919.

En poco habrán pasado 100 años. Mismo país. Tristemente, en algunos casos, mismos conflictos, mismas verdades.

Una Tatana contando en primera persona la anécdota familiar de aquella semana, sumergiéndose en la historia como lo hacen las toninas a las que mira como si fueran blancos. Un Emilito que me llevó al borde de la tentación de risa en muchos momentos…y me soltó y no pude evitar reír…y mucho. Un Pancho medido, inteligente, cauto por momentos, arriesgado en otros y Pedro…la clase obrera que estuvo, está y estará por los siglos de los siglos intentando buscarse un lugar, culpado por querer simplemente encontrarlo.

Se hablaba castellano…pero algunas de las frases/palabras que se usaban en la época casi carecen de sentido para mi. El significado se lo daba el entorno o la siguiente frase o la posterior o un gesto. Imagino que eso le pasaría a cualquier mortal del 1919 que se asoma unos minutos a cualquier conversación entre 4 persona en una playa. Me viene a la mente una palabra que detesto, usada como muletilla, como reemplazo de nombre y como insulto, que no aparece ni una sola vez en todo el texto. Razón más para aplaudir la obra al final.

Como quien enseña a hablar a un loro, las primeras palabras que suele aprender el ave, o el extranjero en un país que usa otra lengua, son las que comúnmente se llaman ‘malas palabras. Me disculpo por usarlas en este ámbito, pero supongo que sabrán ustedes entender que sirve para ilustrar esta historia de gente como los Beristaín , Guerra, Guerrero, Gerrico, Figueroa y Testa: pelotudo al incienso, opa de estación, cabeza de culo, pelotuda de atar.

Lástima que mi memoria no es la que era, sino, les contaría la obra completa. Toda ella en imágenes me revolotea. Hay olor a gresca, tufo de cuarto de criados, amenaza de engañifa, gusto a oruzú y a regaliz, añoranza de los quevedos. Escribo ahora, de madrugada, con poca luz, esperando que el dormir no me las borre.

No me lleva el entusiasmo al recomendar la obra…me mueve el deseo de compartir. Es un trabajo inmejorable de Mauricio Kartun en el libro y dirigiendo a Alberto Ajaka, Esteban Bigliardi, Rodrigo González Garillo y Laura López Moyano.

María, sin dudas, voy a volver.

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