De los acontecimientos festejables, lejos, el que más detesto sigue siendo la Navidad.

Se que en algún momento terminará…pero mientras haya niños en la familia…seguirá siendo motivo de reunión.

Como cada año, la reunión es de tipo familiar…con bajas e incorporaciones al núcleo…y cambio de roles que demuestran crecimiento. Y si…todos crecen…menos yo y ustedes que estamos igual que siempre…los chicos y los demás…crecen.

Esta navidad fue la primera de Alma, llamada así porque su madrina vio una novela donde la heroína llevaba ese nombre. Hace un tiempo acompañamos a esa ahora madrina a esperar a Papá Noel en los fondos de la casa, luego ella acompañó a mi Tutu…hasta el año pasada ambas indicando a Mily, Dylan y Agustina por donde mirar y este año Dylan mirando por la ventana para ver si alguien se acercaba al árbol sin que él se diera cuenta y Lola que aseguraba haber visto al barbado pasar entre 2 estrellas.

Y esos no fueron los únicos cambios, preparé la comida cortada en trocitos para Lola, acomodé el plato entre ambas para empezar a darle de a bocaditos cuando muy seria me pidió el tenedor mientras decía ‘yo como sola’.

No preciso almanaques para comprobar el paso del tiempo, afortunadamente estos pequeños cambios atestiguan mejor la vida.

Lo que no cambia es la intensidad de los abrazos que nos damos pasadas las 12.00…o pasadas las 12.30…o cuando nos acordamos y empezamos a saludarnos. Esos son siempre iguales, cargados de buenos deseos, acompañados de sonrisas, con ganas de que sean interminables.

Volviendo dejamos a mi Tutu en unos bares de la calle Directorio donde se junta con los chicos hasta las 6.00 am y el resto a descansar…fueron un par de horas…pero créanme que fueron cansadoras.

María, intuyendo que la explosión demográfica familiar garantizará unas cuantas navidades…

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