En mi casa, los relojes tienen la misma importancia que los sillones del living: no hay. Ni sillones, ni relojes…y la vida sigue igual…y la gente aún me visita.

El celular es quien tiene la responsabilidad de indicarme los compromisos asumidos…y no lo hacía tan mal.

Cuando alguien me pregunta la hora suelo decir, con seguridad, la que creo que es…o mejor dicho…la que DEBE ser teniendo en cuenta mi reloj biológico. Le pifio por poco.

Esta mañana medio que me preocupé. El celular me decía que era hora de levantarme y yo sentía que la cama merecía un poco más de compañía.

Le creí a la tecnología y arranqué. Llegué temprano a todos lados…pero no fui la única. Afortunadamente tengo más amigos que confiaron también en el aparatito. Pasó un rato largo…casi una hora…y los numeritos de TN coincidieron con los que habíamos visto nosotros antes.

No sabemos qué pasó…pero varios celulares se están mofando de nosotros, los humanos, y nos están adelantando. Temo que sea el inicio de algo más grande…algo como una rebelión…que otrora empezó en una granja y quizás ahora tenga otro inicio.

Ojo, tengan ésto en cuenta…no creemos ser los únicos poseedores de celulares que se han empecinado en marcar otro horario.

María, es Domingo…pero no se bien la hora…no creo en el 113…es una máquina…

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