Mi Tutu comparte su casa con un pequeño maltés llamado Carozo. La convivencia desgasta…es verdad…hay días en que no se soportan…pero en el fondo se quieren.

El final de las vacaciones de invierno deja al pequeño can mucho tiempo solo en la casa. Aburrido, con la radio como única compañía, un día entró al baño y desenrolló el papel sanitario. Dejó parte de la casa cubierta con ese papel y comió un poco. Pensaron que era un hecho aislado y que con sacar el papel del portarrollos iba a ser suficiente.

Error.

Hace unos días abrió el mueble donde se guardan los elementos de higiene íntima. Dejó un tendal de toallitas femeninas por toda la casa. Llegaron justo cuando un tampón le obstruía la traquea.

Ayer pasé a visitarlo. No era el mismo. No me ladró cuando salí del ascensor. Lo llevamos a caminar y a comer pasto y la vuelta le hice Reiki. Nada de eso fue suficiente y terminó en la guardia de un hospital veterinario. Fue diagnosticado como intoxicación. Comió algodón, tela y plástico…algo de todo eso lo está enfermando. Lo medicaron y se fue a su casa.

A las 3.00 am se empezó a quejar de algún aparente dolor. Después de algunos minutos despidió por la boca (no conozco sinónimos de vomitar) un tampón enterito.

Algunos amigos opinan que esta conducta compulsiva obedece a su soledad…y otros dicen que es porque vive rodeado de mujeres. A ciencia cierta no lo sabemos…como tampoco sabemos cuántas unidades de cada cosa había en el cajón y cuántas hay hoy para saber cuántas ingirió.

En fin, habrá que esperar. Por el momento su vida se circunscribe a la cocina y el lavadero, todos los armarios están cerrados y no dejan nada en el piso. Si sigue queriendo llamar la atención es capaz de comerse hasta una ojota.

María, hay que encontrarle una actividad a Carozo…

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