Conocí la nueva sala de Timbre 4 y vi La omisión de la familia Coleman…todo esta misma noche de Jueves.

Todo en ese ámbito es especial. Desde la buena onda de la gente que atiende la boletería hasta la manera sutil que tienen de pedir que no hagamos ruido durante la función: si alguien quiere comer caramelos durante la función…por favor ábralos ahora. Recordaron lo de los celulares…pero olvidaron recordar que tampoco se deben sonar los dedos. Hubo un compulsivo que no pudo contenerse y nos obligó a escuchar el sonido 10 (diez) veces. Si, si, se sonó hasta los pulgares…y eso es dificilísimo…lo sabemos todos. En fin…un simple detalle.

Algunos piensan que gente que comparte parte de un ADN puede formar una familia. Otros incluyen algo racional como la elección. La familia Coleman desafía cualquier definición. Un grupo de personas con un ADN compartido, vínculos desvirtuados, uniones particulares. Cada uno se relaciona como siente y puede con el otro, formando un pequeño eslabón de esta extraña cadena que sube al escenario 6 (seis) veces por semana.

No ejerce autoridad quien tiene el derecho sino el que puede. Una madre que parece hija. Hijas que se compartan como padres. Y la abuela uniendo a todos.

Esa abuela, la madre, 4 hijos, un médico y un remisero componen una historia maravillosa que merece ser vista. En un momento se hace una especie de resumen de la familia y algunas particulares costumbres. El médico queda mudo y uno de los personajes dice ‘si, somos una familia normal’. Claro, pasa que de ver lo mismo todos los días llegamos a acostumbrarnos y a sentir que eso le debe pasar a todos.

Me salgo de la vaina por contarles algo…pero quiero que vayan a verla…se que la van a disfrutar tanto como lo hice yo. 5 años recorriendo el mundo y cosechando premios y aplausos.

María, con ganas de un viaje…
Escuchar canción (Qué suerte)

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