Y si…tanto escaparle a la obra por razones que no puedo explicar…fui a uno de mis lugares favoritos: el Paseo La Plaza. Compré entrada sobre el pasillo como para poder irme si no me gusta. (Siempre hago eso cuando no estoy muy convencida).

Lo que me gusta de Yasmina Reza es su buen uso de las palabras. En general sus obras no tienen mucha acción…casi todo se dice…algo se sugiere…la palabra transita el escenario y es la protagonista. Será por eso que no cualquier actor puede ponerse en la piel de sus personajes.

Los primeros 15 ó 20 minutos me sentí algo incómoda en la butaca. No es que tuviera algo roto o malo…pero no estaba ‘atrapada’. De a rato miraba los rincones del escenario o debajo de las mesas ratonas buscando la genialidad de Javier Daulte, el director.

Pasado ese cuarto de hora o poquito más…de pronto…de a poco…como esa versión en vivo de ‘Tu último truco’ de Dire Straits que arranca con parches y aplausos y va sumando saxo y más aplausos hasta convertirse en una de mis canciones favoritas…así…de a poco esa obra a la que llegué con pocas ganas se fue instalando firme sobre el escenario y me empezó a hacer reír. Una sucesión de cosas serias que se me hacían hilarantes de pronto me dieron comodidad y no me quise mover más de la butaca. No me importaba estar sobre el pasillo…no me iba a ir hasta no ver como terminaban esa noche esas 2 parejas que se juntaron para hablar sobre la agresión que el hijo de una de ellas había recibido por parte del otro.

Padres que necesitan demostrar que son civilizados y que pueden hablar de todo con compostura, pero que desinhibidos se pueden mostrar como de verdad son, sin el deber ser que se autoimponen.

No importa cuanto nos pongamos encima…lo salvaje aún nos domina y, como dice Clarissa Pinkola Estés, en su ‘Mujeres que corren con los lobos’, la sombra que trota detrás de nosotros tiene sin duda cuatro patas.

Afortunadamente pude vencer el prejuicio y fui a ver la obra. Fue una linda noche.

María, un poco salvaje…un poco bastante…

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