Me confieso admiradora de los integrantes de la La sociedad de los trabajos difíciles que describe Alejandro Dolina en su antología ‘Crónicas del ángel gris’. Esa gente que emprende tareas titánicas con el único objetivo de cumplir su objetivo y satisfacer el sueño merecen todo mi respeto.

Lo de ayer casi casi casi era una tarea para ese extinto grupo. Planeaba ver Shrek. Habiendo crecido todos los niños de la familia, y sin el prejuicio de ser grande y seguir viendo películas infantiles, estaba averiguando horarios y salas cuando sonó el teléfono.

Mi amigo Willy me decía que él no podía ir a ver la peli…pero que una amiga suya que no conozco iba con su hijo, que la buscara en el salón de juegos del shopping, me presentara y fuera con ellos.

Llegué al lugar. En el camino pensé la estrategia de búsqueda. Mi universo eran mamás con niños de 5 años. Descarté grupo de adolescente tocando la guitarra sentados en el piso, abuelas sentadas en los rincones esperando que los nietos bajen de la calesita, párvulos que desafían el sentido de la escalera mecánica intentando bajar por la que sube o subir por la que baja, madres con más de un niño, y padres. Eso me dejaba aproximadamente la mitad de las personas del centro comercial en un día Sábado por la tarde.

Creo que usé una especie de scanner en cada madre del lugar. Nadie con algún rasgo parecido al que había visto en alguna foto. En el Patio de Andy tampoco (promoción de la película 3D). Me quedaban los locales de comida rápida y el Museo de los niños. Llegué a la puerta del museo. Una muchacha que atendía me preguntó si venía sola o con algún niño. Le dije que estaba sola y que quería conocer el lugar. En un gesto que amerita denuncia por discriminación me dijo ‘no se puede entrar sin niños…fíjese si quiere buscar a alguien por altoparlante y después entran’. ¿Perdón? ¿Qué pretendía que hiciese? ¿Que con un megáfono pidiera un niño ‘en alquiler’ para poder entrar al museo? No señorita, no hago esas cosas…me voy y vuelvo otro día…cuando las leyes cambien o consiga un amigo de baja estatura que me quiera acompañar.

Definitivamente eran pocos los elementos con los que contaba para encontrar a las personas en cuestión. Ojo, no era imposible…me he encontrado con mucha gente que no esperaba en muchos sitios…pero convengamos que era algo difícil.

Salí de ahí y fui a un lugar donde no piden estar acompañados de un menor.

María, disfrutando el finde largo.

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