Este es un posteo escrito con cierto temor. Temor como el del personaje de Mel Gibson en la peli Conspiración. Creo que de alguna manera, la máquina construida por el croata Nikola Tesla en el film The Prestige, fue conseguida por algún particular y la puso a funcionar detrás de un decorado del escenario de la sala Luis Vehil del teatro Cervantes.

La gacetilla dice que se presenta la obra ‘El Bululú’…que es un unipersonal protagonizado por Osqui Guzmán. No sería ésta la primera vez que sospechamos que la prensa mundial miente…pero pocas veces se puede comprobar con tanta claridad.

No es un unipersonal. El definición de Unipersonal según el diccionario de la Real Academia Española es: Que consta de una sola persona. Entonces, la obra que vi anoche, no es un Unipersonal.

Les comento, más o menos, como viene la obra…pero espero que vayan a verla para que puedan comprobar con sus propios ojos lo que les voy a contar.

Se apagan las luces y aparece la inconfundible figura de Osqui Guzmán en un típico traje de los que se usan en las Diabladas bolivianas. Cuenta parte de su historia: hijo de costureros, se creía que su destino era seguir con la tradición familiar. La máquina de coser era su compañía habitual hasta que encontró un cassette de una obra del español José María Vilches. Se aprendió el texto de memoria y lo repetía cada vez que podía. La confusión lo había llevado al conservatorio, y esa obra le confirmó la vocación.

La obra en cuestión era El Bululú, cantante/actor ambulante que recorría el país montando fragmentos de clásicos españoles. Acá empieza la conspiración: Osqui se presenta, pasa por detrás de un decorado y aparece otro actor, casi idéntico a Osqui, pero que no puede ser el mismo, porque no me imagino a alguien haciendo del lindo don Diego, de una mujer fea, de un hablador, de una habladora, del marido de la habladora, de la luna, de Antonio el camborio, de un hombre que lucha con una super cucaracha y de tantos otros que ya olvidé.

Al final…para los aplausos, solo aparece Osqui, disculpándose por la ausencia de los demás personajes. Y ahí el aplauso anterior se transforma en OVACIÓN.

La música de Javier López del Carril, con un sonido nuevo para mi, le puso el sonido a todo lo antes descripto. Mágica guitarra con tono casi íntimo (acústico definió el maestro…que espero disculpe mi ignorancia).

En cada multiplicación del actor, el resultado fue ese cuerpo de piernas chuecas, dócil, con una gracia en los movimientos como pocas veces se encuentran en humanos. Se que, además de actor y ex-costurero, este argentino hijo de bolivianos supo ser murguero. Todavía tengo la esperanza de verlo en algún verano…en un corso de barrio…desparramando su arte al compás de los parches.

Poco lo que se puede agregar más que recomendar la obra. Dirección de Mauricio Dayub, con quien compartió El batacazo, asistencia de dirección de Leticia Gonzáles de Lellis, su compañera en tantos momentos de impovisación, coreografía de Pablo Rotemberg, el pianista que nos emocionó nada noche con Souvenir, y música de Javier López del Carril, hacedor de la música de Closer, Visitando al señor Green, Codicia, Pirañas, cantante de Lleva Enero…uno de mis músicos favoritos.

Hay que verla. No se puede contar…simplemente se recomienda.

María, voy a volver…son momentos repetibles.
P/D. Ya lo dije el arcipreste…del mal siempre lo menor.

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