A las infinitas definiciones que ya hay sobre la palabra amistad, deseo agregar una muy personal: es lo que hace que cambiemos el rumbo de nuestras vacaciones solo para compartir una noche en Alicante.

El movimiento se demuestra andando…y mejor que decir es hacer…así que me subí a un tren y partí rumbo a Alicante a ver a Susana y Rubén.

El cansancio de haber caminado todo el día por Valencia me había hecho sentir que era poco lo que iba a darme la ciudad. Tamaño error el mío. Caminamos por la rambla y por las pintorescas callecitas del centro histórico hasta encontrar el lugar indicado donde comer tapas y tomar agua y caña. (Por las dudas aclaro: no es la caña a la que nos referimos en Argentina…es un vaso de cerveza tirada). Comimos riquísimo, como siempre en España y, siguiendo la ruta de la madera, llegamos al bar El camarote. Rock & roll ochentoso, calor, humo, tragos y charla. Combinación ideal. Un cuadro en las paredes amarrillentas nos hizo acordar a la fachada del templo de Abu Simbel. Y si…¿qué otra cosa podría parecernos después de haber compartido una semana en Egipto?

La mañana de hoy despertó con sol y ganas de salir. En la rambla había una fiesta de los Alicantinos por adopción. Un desfile de colectividades de América Latina al compás de parches. Emocionante escuchar el ritmo del Río de la Plata desprendiéndose de unos tambores uruguayos. Banderas argentinas recordando el tango. Una fiesta…y yo estuve ahí!!

El calmo mediterráneo acompañó la ingesta de unos bollos y un café bombón (leche condensada y arriba un expresso…ESPECTACULAR!!!)

Acepten mi consejo…si alguna vez se cruzan con esta bella pareja, vayan a visitarlos…son el tipo de persona que vuelve inolvidable algo muy bueno.

María, cuenta regresiva…

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