Créanme que pretendo ser objetiva…Asturias es un lugar precioso.

Almorzamos en una sidrería de Oviedo.

No se imaginen la sidra con la que llenamos la copa antes del brindis en Navidad. A primera vista ésta no tiene burbujas…pero se acerca el mozo…ofrece un culín…eleva la botella…hace descender el vaso…y arroja ese líquido haciendo que golpee y rompa su estructura en el borde de ese vaso y…como si fuera magia…las burbujas aparecen. Los usos y costumbres indican que hay que tomarlo de un trago, dejando el fondo blanco. Sabe riquísima!!!! Lástima no tener el talento para servir, sino, me llevaba un par de botellas.

Ese mar azul que ven en la foto es el Cantábrico…preámbulo del Atlántico con un viento como para volar pelucas. Bebida en un bar llamado Cambalache. Se me empezaron a mezclar las nostalgias…siempre se vuelve a Buenos Aires a buscar esa manera melancólica del amar…pero…me suena el run run dentro de una estación, mi último tren que no quiere salir.

Como para que mi Tutu se quede tranquila…vuelvo…pero estoy deseando que estos días no se acaben nunca.

María, descansando…


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