Hasta hace unos días, pensar en Egipto, para mi, era soñar con Pirámides. Ahora asocio Egipto a otras cosas: templos, tremendo calor y madrugones.

Para aprovechar el día sin tener que sufrir (tanto) el calor hay que levantarse a horarios insólitos: 2.00 am, 5.00 am, 6.00 am. Mi cuerpo siente que en casa es otra hora y a veces quiere arrojar el despertador por el Nilo.

He leído muchísimo material respecto de esta civilización…pero ahora me doy cuenta que nadie le ha hecho real justicia. Caminamos por templos que cuentan historias en sus paredes con una perfección asombrosa. Arte que está tallado en piedras que casi no acusan la famosa fatiga de materiales. Solo el humano se ha animado a destruir lo que la arena, vientos, crecidas, terremotos y demás no han podido derrumbar. Egipto muestra belleza antes que los griegos definieran belleza.

Veo las fotos y no se parecen casi en nada a lo que he visto. Una instantánea de una columna no puede transmitir la misma sensación.

La entrada del templo de Luxor nos recibe con un obelisco en granito rosa y a su lado la base de otro. Otro al que le tomado unas fotos el año pasado…en la plaza de la Concordia en París. Finalmente hoy encontré la mitad que le faltaba a la historia.

Monumentos, templos y demás construcciones elevadas para trascender…para que los que los sucediéramos podamos caminar por esos pasillos entendiendo de sus historias y deseos.

Habu, Luxor, Karnak, Edbu, Kom Ombo. Templos dedicados a sus dioses. Pueblos dedicados a sus dioses.

No pretendo publicar un ensayo sobre historia egipcia…pero sepan que por unos cuantos días este lugar estará destinado a contar mi viaje a esta tierra mágica.

María, agradecida a mi Tutu que me dijo hace unas semanas ‘…y si te vas a Egipto unos días…’

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