Los que hemos visto la última puesta de Piaf sobre el libro de Pam Gems sabemos que está armada de tal manera que no haya baches entre escena y escena. Cambio de luces, de clima, y listo…es otra historia…y se suceden continuamente…sin lugar para el aplauso.

En Buenos Aires poco nos importa eso y aplaudimos cuando se nos da la gana…de una manera casi liberadora.

He descubierto que el público español es más obediente de las formas y no anda interrumpiendo las escenas solo para batir palmas.

Nos tuvimos que guardar toda la emoción para el final…y obligamos, a fuerza de ovación, a salir a saludar 3 (tres) veces al elenco completo.

Además de todas las sensaciones que se me suelen poner sobre la piel al momento de ir al teatro, hoy le sumo cierto orgullo ajeno…son argentinos!!!! Sabemos que el arte no sabe de fronteras ni de nacionalidad…y acá se nota. Españoles aplaudiendo a un grupo de argentinos que transitan una historia de una cantante francesa.

Los comentarios que escuché en la platea eran coincidentes: tan chiquita con una voz inmensa.

Un places haber visto Piaf nuevamente…perdí la cuenta…no se cuantas veces la he visto…cada función es única y la de anoche lo fue.

Otra cosa que no cambia es la generosidad de las personas…acá…allá…donde sea…siempre dedicando su tiempo a responder un saludo o una felicitación…aún bajo la lluvia…aún habiendo pasado la medianoche hacía rato.

María, partiendo para…LUXOR!!!

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