Por varias razones, cada vez que en la tele pasan ‘El Naúfrago’, es inevitable para mi abandonar el control remoto por unos minutos y detenerme a ver la historia de Chuck Noland y Wilson.

Siempre me creí toda la historia, sintiendo que es posible todo…menos la escena del final…cuando se acerca a entregar un paquete que siempre guardó en la isla. Siempre cuestioné mirá si alguien va a guardar algo por tanto tiempo y después de encontrar a su novia casada con otro le van a dar ganas de hacer de cartero.

Esta mañana pasó algo que me hizo cambiar de idea.

Mi Tutu, recién levantada, encontró unas postales por debajo de la puerta. Preciosos paisajes de Calafate y Ushuaia firmados por mi. No pasó ni un minuto y llamó a casa (no al celular) para asegurarse que no me haya ido de viaje sin avisarle. Le confirmé que faltan unas semanas para mis vacaciones y que esas postales son las que le mandé del viaje que hice al sur…en Octubre del año pasado.

Y si, 6 (seis) meses después las postales llegaron a destino. ¿Será que algún avión que transporte correspondencia cayó al mar y el mensajero que traía esas postales las guardó celosamente y a su regreso las repartió? ¿O será simplemente que mandan las bolsas cuando están llenas?

Como sea, mi Tutu se puso contenta al saber que la tía la recordó cuando estaba en el fin del mundo.

María, con ganas de ver El Naúfrago… 😉
P/D. No venían por FedEx sino por DHL.

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