Como siempre, las entradas las compré por Internet: fila 1. Casi como el tango que dice ‘la ñata contra el vidrio’…acá era la ñata contra el escenario. Pedí permiso al acomodador y me senté en la fila 6. El escenario en diagonal dejó una primera fila muy muy muy pegada. Creo que no se debería vender.

Buena escenografía…una capilla donde se oficiaría una misa de cuerpo presente para el padre del personaje de Adrián Navarro. Leía una carta en el momento que un sacerdore, Federico Luppi entraba a retirar un libro. Pasaron unos instantes y vuelve Luppi en la piel de un antiguo socio y amigo del fallecido. El hijo se estrecha en un abrazo durante unos segundos, empieza a llorar y no para nunca más. Lo único que me transmitió toda la obra fue angustia. Por momentos usaba palabras de enojo…pero en él sólo percibía angustia. Nunca dolor ni tristeza ni bronca…solo angustia.

Los roles que iba encarnando Federico Luppi iban haciendo rotar la historia, sorprendiendo al hijo y al público.

Es un buen libro, correcta dirección, adecuada iluminación, actuaciones aceptables, pero…no se como decirlo: esperaba más. No puedo emitir un juicio de valor, pero si una opinión. Lamento mucho no haber percibido esa magia que me provoca ganas de volver a verla.

María, sin mucho para acotar…
P/D. Entre el público: Viggo Mortensen…lindo…:)

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