Nunca entendí eso de dar los exámenes por partes. Van una vez, rinden un módulo, se retiran, estudian otra vez, rinden de nuevo lo que hicieron mal, vuelven otro día. En fin…ni con ese sistema logramos aprobar.

Nos habíamos juntado para preparar los machetes, cargamos crédito suficiente en el celular para estar on-line, repasamos un poco, fuimos a la última función de Piaf como para relajarnos e incluso nos encomendamos a San Jose de Cupertino, patrono de los estudiantes.

Arrancamos con Taller Contable. Demasiado largo para mandarlo por SMS…creo que ni rendimos.

Contabilidad. Bien la teoría. Bien un ejercicio. Algún retraso en el envío de los SMSs…mala conducta durante el año…pésimo concepto.

En Matemática había que sacarse un 13…pero parece que ni llegamos ni a un 2.

Cuestión que después de habernos dedicado parte del verano a estudiar …nos pasamos a Bachiller, donde no hay Contabilidad ni Taller Contable. Y bueh…una de las profesoras sentenció: Rocío, lo tuyo no son los números.

Algo de preocupación me asaltó ayer cuando me enteré que pidió pasarse a un colegio público. No se de donde sacó la loca idea que la relación costo/beneficio no la favorece. Ahondé un poco en su decisión y me sorprendió con otra confesión: necesito empezar de nuevo en un colegio para tener un buen concepto…en el Urquiza ya nadie me cree cuando digo que voy a cambiar.

Pensé en las oportunidades y en la confianza. En general trato de aplicarle aquello de ‘quereme cuando no lo merezco porque es cuando más lo necesito’. Siento que está creciendo. Me gusta eso…pero a la vez quiero que siga entrando en una cajita de zapatos.

En fin, quedan 2 (dos) días de vacaciones…el Miércoles empieza, o empezamos, el colegio, esta vez viendo como objetivo ser Bachiller.

María, viendo como crece…creo que en unos años tendré que dejar de llamarla mi Tutu.

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