No hemos tenido mucha suerte en los últimos años con eso de avistar a Papá Noel. Una vez lo esperamos en el patio…y entró por la ventana y dejó los regalos en el comedor. Otra vez miramos por la ventana…y parece que entró por la puerta. Esta vez creo que intentaremos ir a la vereda…de esa manera seguramente tendremos mejor suerte.

Como ya todos sabemos, mis primeras navidades transcurrieron en un pueblito del sur de Corrientes llamado Esquina. El diario de la mañana llegaba a última hora de la tarde y el proveedor de lácteos nos visitaba quincenalmente…miren si Papá Noel se iba a acercar hasta allá. No, no…en Esquina los regalos los traía el niñito Dios.

La carta la dejábamos un Domingo temprano en el buzón de las cartas. Yo no llegaba, pero mi papá me alzaba y yo me aseguraba que la carta entrara. Después subía a tomar la leche. Mientras tanto, mi papá que era el jefe del correo, bajaba a asegurarse que todo estuviese bien. Era la época en que Encotel (Empresa Nacional de correos y telecomunicaciones) funcionaba a la perfección…cada año recibía exactamente lo que había pedido.

Recuerdo que una vez con mucha ilusión pedí un microscopio…y me lo trajo. Otro año un juego de química…y me lo trajo. A la luz de mis pedidos, me parece que ya me interesaban un poco las ciencias…pero evidentemente no aplicaba sus conceptos en la vida cotidiana. Nunca me pregunté como hacía el niñito dios para abandonar la pequeña cesta que usaba como cuna y materializar los regalos que yo pedía…con papel celofán y todo…sin hacer ruido y sin dejar huellas!!!! En fin, seguramente la ciencia no llegaba hasta ahí.

Pasaron los años y cada vez me gusta menos la navidad. No me gusta el pan dulce ni el turrón. No me gustan las cañitas voladoras ni los petardos. No me gustan la sidra ni estar pendiente del reloj para brindar justo a las 12.00. No me gustan los villancicos ni los carteles de ‘no se aceptan cambios hasta el 7 de enero’. Lo único que salva la navidad es verle las caras a los sobrinos chicos al abrir los paquetes esperando que contengan los autos, las espadas y las muñecas que pidieron. También reciben vasos, ojotas y pizarras que no aparecen en ninguna de sus cartas, pero aceptan sin chistar.

No digo llegar a festejar Festivus, pero de a poco podríamos ir desprendiéndonos de algunas costumbres, no? Qué Papá Noel no se abrigue tanto en el shopping, que la comida sea más ‘liviana’, que en vez de estrellitas los chicos pidan algo que lance agua así refrescan un poco el ambiente y cuantas cosas hagamos que no sean propias de un verano casi tropical como el que vivimos.

Hasta que eso pase, deseo que cada uno reciba como regalo sentirse afortunado. La mayoría de nosotros lo somos…y no nos damos cuenta a veces. Tenemos lo que necesitamos…y más. Recibimos lo que damos…y más. Gracias!!!

María, preparando un pio nono de fiambres y otro de atún…mis especialidades navideñas…jejeje. 😉

P/D. La canción no es ‘navideña’…pero como me gusta!!!!!

Escuchar canción

Anuncios