Cuando empezó el día, nada me hacía pensar que en algún momento me pegaría el malhumor. Se armó un temporal después del almuerzo y recordé que tenía turno con el odontólogo a las 16.20…o más precisamente cuando la lluvia se transformó en cortina de agua y la ciudad se volvió a inundar. Llegué a eso de las 16.40…empapada…

Hasta acá todo bien. Nada de eso me perturba.

Me siento en el sillón de las torturas. Cae el médico con expresión de pasaba, vi luz y subí, saludó…miró las radiografías y me dijo: pedí que te autoricen la orden y volvé la semana que viene. Perdón??? Y mi dolor de oídos? Con cara de desprogramado sugiere andá al otorrino.

No, no, no…así no se puede. No pretendo que el tipo tenga en mente todas las historias clínicas…pero mínimamente lee antes de hacerme pasar. Fui a consultarlo porque me derivó un otorrino. Mi dolor de oídos se debe al bruxismo…y para eso estaba en el consultorio.

Su respuesta fue el origen de mi mal humor: y bueh…seguí tomando analgésicos… chau…justo paró de llover.

Ya sabemos que muerdo de noche…reconozco que salí de ahí, de día, mordiendo rabia.
Apagué los teléfonos y me dediqué a hacer la lista de cosas que componen el ritual para sacarme la mala onda:

– Ponerme ropa gastada
– Caminar bajo la lluvia
– Ir al teatro

Algo mojada llegué justo para El regreso del Tigre. La había visto la noche del estreno…y era ideal para olvidar al doctor alto de ojos celestes…sin memoria.
Como era de esperar, el llanto de Luisa Müller interpretado por Florencia Raggi me contagió las lágrimas y salí de la función sintiéndome afortunada porque no pasé por las desdichas del personaje.

Eran las 22.30 y ya todo estaba en su lugar. El fin de semana empezó. Volví a prender el teléfono. Arreglé para encontrarme con amigos. Tomé cosas ricas. Escuché lindas canciones y me dormí con una sonrisa casi cuando salía el sol.

María, sin ganas de terminar el Viernes 13!!!!!

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