Finalmente empecé a bajar las fotos del último viaje y me llegaron como ráfagas algunos recuerdos.

Una mañana agarré la mochila, guardé ropa para nieve y me fui al aeropuerto.


Me tocó sentarme en la fila de asientos que están en el ala. No se reclinan…y eso no era lo peor…la puerta de emergencia venía floja de burletes…no se imaginan el frío que entraba!!!!!!! Y cuando aterrizamos se descongeló algo…y empezó a chorrear. Afortunadamente nos habían dado ejemplares de ‘El nuevo argentino’. Me cubrí con eso y zafé.

Encontré lugares en los que me quedaría vivir…si es que mi vida durara 3 días…más de eso no creo que dure…mucha ‘tranquilidad’ para mi gusto.


Le tomé mil fotos al Glaciar Perito Moreno…pero al verlas…ninguna muestra ni una milésima parte de lo que se siente verlo ahí…en vivo y en directo…gigante, envolvente, helado, azul, débil. No pasan 5 minutos sin que haya un desprendimiento que haga temblar.

Actividad rara la de mirar un glaciar…pero les aseguro que es fascinante. Es la tercer reserva natural de agua potable del mundo, después de la Antártida y Groenlandia.

Ya todos sabemos que el color no existe…es simplemente la luz descompuesta. El hielo absorve todos los rayos de la luz…menos el azul…de ahí la sensación de color celeste del campo de hielo.


Navegué en canal de los témpanos…lleno de témpanos. Teniendo en cuenta que lo que vemos de los icebergs es tan solo el 15% de su volumen, les aseguro que estuve en el medio de lo que se podría llamar un freezer gigantesco. La temperatura era bajísima. Muchas cámaras fotográficas se congelaron. La mía no…pero mis dedos si…así que pasó mucho rato en los bolsillos.

Pasaba casi todo el día en la borda, sintiendo el viento helado en la cara. Quizás producto de la semi hipotermia y simplemente por estar absorta ante la perfecta naturaleza…un día que no recuerdo cual fue…el dolor de oídos empezó a ceder. Aparantemente el bruxismo me abandonó…y dejé de morder de noche. Algunos días tirité…pero poco…enseguida me ponía las 2 camperas, gorro, guantes y se me pasaba.

Tomé mucho chocolate caliente. Me crucé con gente. Hablé poco. Leí menos que eso. Dormía un par de horas…pero no sentía cansancio. La parte que recorrí por tierra presentaba un paisaje interesante…pero algo monótono: la cordillera nevada, árida meseta y de vez en cuando algún lago.

Caminé por varias turberas. Es como una esponja gigante…que libera algo de humedad cuando es pisada. Es simplemente para recordarnos que, aunque parezca, eso no es tierra firme…debajo de eso está el agua.

Recordé cosas que había aprendido en biología. Vi el famoso liquen ‘barba de viejo’. Dicen que crece solamente en lugares donde el aire es sumamente puro, y…dicen…provoca sueño o somnolencia. Lo que no entiendo es por qué esa modorra la tengo acá después de almorzar…tan lejos del liquen digo.

Una planta parásita fue mi favorita: farolito chino. Estoy armando un álbum. Le tomé gran cantidad de fotos, que van a quedar como privadas, ya que nadie valora tener 50 tomas de árboles que tienen una pequeña parte amarilla.

Y seguí más al sur…pero eso será el siguiente posteo.

María, con ganas de volver a viajar…pero sin tanto frío esta vez…

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