Después de haber visto Casablanca una docena de veces, todavía deseo que Ilse se quede con Rick y Lazlo parta solo. Como quien espera un milagro suelo repetir para mis adentros: que no suba al avión…que no suba al avión.

Lo mismo me pasa con los destinos de la mamá de Nemo, Charlize Theron en Dulce Noviembre, Renato Cestiè en La última nieve de primavera y con la final de Argentina – Alemania en el mundial Italia ’90.

Quien sabe si un día, como la inolvidable La rosa púrpura del Cairo, algunos actores se revelan a su destino escrito y me dan vuelta la historia.

Por más que una parte mía sepa el final, la otra, la que desea sorprenderse, hace fuerza para lograr cambiar la historia.

Nada de eso me pasa cuando veo películas norteamericanas que tienen en su trama algún partido de baseball. Veo a los muchachos con esos pantalones ajustados, algunos con guantes, otros con bate, gorros, chiclets, chaquetas con botones adelante, entrenadores que mascan tabaco y no entiendo nada. No se si quiero que le peguen con el bate y la agarre alguien de la tribuna, o que se quede en el guante, o que la recuperen.

Casualmente el finde, mientras trabajaba, de reojo veía la peli Enamorado (For love of the game) en la que Kevin Costner personificaba a Billy Chapel. Nunca supe qué le pasó en la mano…vi solamente que la tenía cubierta de sangre y la llevaban a un hospital.

Interminable sucesión de partidos en los que, ni por la cara, sabía si lo que le pasaba era bueno o malo. La pelota terminó en la tribuna y fue bueno para él. Recuerdo otro film en el que pasa algo parecido, incluso rompe unos focos, y eso era bueno para el que bateaba. Por qué ahora era bueno para el que lanzaba? Y qué era eso del juego perfecto?

La verdad, suspenso sin sentido. Miraba la escena y mi ‘adentro’ estaba en silencio, no sabía si quería que la pelota cayese, fuera golpeada, explotara o se desintegrara.
Acostumbrada a contar goles, acá se cuentan ‘carreras’.

Definitivamente ese tipo de películas no es para mi…demasiado complejidad…

María, reconociendo que tampoco entendí El campo de los sueños…se que jugaban ‘muertos’…pero no sabía qué tenían que hacer con la pelota y el bate…

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