Me di cuenta que me gusta tanto el olor a cuero de los zapatos nuevos como el de los teatros nuevos.

El Miércoles fui a ver Rey Lear al ‘nuevo’ teatro Apolo. Hacía bastante que no pasaba caminando por esa cuadra y no me había dado cuenta que en realidad toda la galería recibe ese nombre ahora. Hubo un lindo trabajo de ‘actualización’…más luz…locales nuevos que todavía no abrieron…buen resultado para una calle Corrientes que se la ha pasado en reparaciones los últimos años: cuando no le están ensanchando la vereda le están reparando los cordones o están repavimentando el primer carril de la derecha.

La sala se parece a la Pablo Neruda…leyendo el programa me di cuenta que tiene mucho que con con el Paseo La Plaza.

Poco para decir sin caer en la redundancia al hablar de Rey Lear. Un Alcón afiladísimo en el personaje, daba pena verlo viejo y maltratado por las hijas. Hace poco más de mes y medio vi a Joaquín Furriel dijunteando al asesino de su padre en El reñidero y ya está en la piel de Edgar esta vez.

Una adaptación que hizo de la obra algo ‘fácil’ de entender y seguir. Muy cuidada la elección de los actores. Cada uno estaba perfecto en su papel. Querible Roberto Castro con su loco…’detestables’ Mónica Santibañez y Paula Canals en las pieles de las malas hijas.

Sin escenografía ni vestuarios típicos de la historia, el director sólo pudo apelar al talento del elenco para hacernos creer que estábamos frente al palacio, bajo la lluvia, caminando por la selva o saliendo de una celda. Y lo logró con creces.

Una magnífica manera de estrenar un teatro.

María, cuantas verdades salen de la boca de los locos…no se debería envejecer sin antes convertirse en sabio…

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