Una pareja que se conoce un verano de algún año de la década del ’70 en un complejo turístico de la costa atlántica…él de Buenos Aires…ella de Rosario. Ambos casados…ambos felices. Como broche de ese fin de semana que pasan juntos, se citan al año siguiente en la misma fecha y el mismo lugar. Y así durante casi 30 años.

Tal es la historia adaptada que fui a ver hace un rato al teatro Maipo.

Una serie de imágenes que pasaban sobre una especie de pantalla montada sobre el escenario, con excelente música de fondo, daba tiempo a los actores para cambiarse la ropa y el peinado para poder demostrar el paso del tiempo.

Hacer que la historia transcurra en el país le dio ciertos permisos para algunos guiños efectivos que se llevaron unas risas…pero no alcanzaron para conseguir más que un correcto aplauso al final.

Teatro pequeño con localidades agotadas no es sinónimo de excelencia. Música y escenografía fueron mis rubros favoritos. Los actores no me convencieron del todo…me parecieron haciendo de ellos mismos.

Correcta quizás para un verano en la costa…pero para mi gusto no está a la altura del resto de las propuestas de comedias de calle Corrientes.

María, empezando el finde largo.

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