No soy afecta a decir mentiras simplemente porque se me hace cuesta arriba mantenerlas y me parece siempre más fácil decir la verdad. Igualmente, y desde que veo Lie to me por recomendación de Majo, se que es imposible no decir una que otra mentira. De esas que no implican un gran compromiso digo. Por ejemplo decir que la comida está rica cuando no nos parece, o decir que se nota el cambio de color de pelo cuando creemos que está igual que siempre.

Como la mayoría de los personajes que conozco, éste iba manejando un taxi. Señor mayor con un cigarrillo apagado entre los dedo. Sin caer en la discriminación, no me subo a taxis fumadores. Pudiendo elegir, prefiero lo que no me hacen picar la nariz y tienen un aroma agradable.

Ya de entrada me pareció que no era hombre para tener una conversación circunstancial por lo que elegí el silencio y uno que otro monosílabo si insistía.

A las pocas cuadras vimos un afiche con la publicidad del Hombre araña en el teatro. Sin andarse con eufemismo dijo: el hombre araña…qué estupidez…como alguien puede hacer una cosa así. De mi lado hubo silencio. Se acomodó la gorra, orientó el espejo y preguntó: quien va a pagar para ver esa estupidez? No podía dejar de contestar. Le dije que en general, en una familia, se privilegian los gustos de los niños y se hace algún sacrificio en pos de llevar a los pequeños a sus lugares favoritos. Muchas veces he visto papás con zapatillas gastadas comprándoles a sus hijos. Creo que en la mayoría de los hogares pasa eso…si no se puede todo…al menos que los más chiquitos no se den cuenta.

El señor, confesándose abuelo, me dijo: sabe lo que yo le digo a mi nieto cuando me viene con esas cosas? Lo agarro y le dijo: los hombres no vuelan…ese que hace del hombre araña es un estúpido. Y los chicos entienden. Mire si después cree en el hombre araña, agarra una soga y quiere volar? No, no. Muchos chicos murieron así.

Qué se yo…tampoco voy a defender al superhéroe…no se metió con Batman así que la cosa no pasó a mayores. Pero me quedé pensando.

Los niños son más inteligentes de lo que creemos, saben que el hombre araña no es real, pero disfrutan la fantasía. Me parece que todos dejamos de ser un poco niños cuando nos damos cuenta que hay cosas imposibles…o al menos no muy comunes. Pero, que me perdone el señor, no le voy a contar la verdad de todo a los niños que tengo al lado. Ellos solitos se darán cuenta que Clark Kent no trabaja en un ningún diario ni las acciones de las empresas de Bruce Wayne cotizan en la bolsa ni que la cigüeña no viene de París ni que las promesas electorales valen lo mismo que una moneda de 1/2 centavo de Austral. A su debido momento se darán cuenta…y ojalá los grandes también nos demos cuenta a tiempo.

María, quien dice que no escuchó esta canción alguna vez…posiblemente no esté diciendo toda la verdad…:)
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