El regreso de Casablanca a Madrid merece un posteo aparte. Lejos es el que mejor recuerdo.

Como siempre, EasyJet era la compañía elegida para el regreso. Era el último vuelo antes de volverme…empecé a sentir nostalgia.

Habiendo llegado temprano, tuve opción de elegir el lugar donde sentarme. Ventanilla siendo un viaje de tan solo un par de horas. Al lado mío…nadie…adelante tampoco.

Casi casi a punto de despegar y llega una mamá con 5 (cinco) chicos. 3 varones que ya caminaban y unas mellizas de escasos 3 meses. Una señora la acompañaba porque era obligación que cada bebé fuera en brazos de un adulto.

2 niños y un mayor con una de las bebés en la fila de 3 de adelante, uno de los niñitos al lado mío y en el pasillo la mamá con una de las bebés en brazos. Los chicos lloraban casi a coro. Uno pidiendo por su papá que se había quedado en tierra, otro porque no podía estar con la mamá, una de las bebés por hambre y otro por miedo a volar.

Sabía que en algún momento le ofrecería ayuda a la mamá…no podía sola con todos. Cargué por unos minutos a una de las mellizas mientras se ataban los demás niños. La devolví e intenté distraer al más pequeño de los mayores para que dejara de llorar. Tomé una de esas revistas de la aerolíneas y le dibujé bigotes a cuanta foto aparecía y le ofrecía que él hiciera lo mismo. No lo convencí ni un poquito. Se aferró a su mamá y me miraba con ira. No solo que no le caí bien…me inclinaba a opinar que le caí mal.

Despegamos y el niñito llorando aferrado a su mamá. Alcanzamos cierta altura y la mamá necesitó dar de comer a una de las mellizas y luego a la otra. La mamá llevaba una mochila con todo tipo de víveres para toda la familia. Le ofreció bananas…mi compañero de asiento dijo que no. Les dio quesitos…mi compañero dijo que no. Se levantó a cambiar el pañal a la pequeña Amalia y quedamos solos…Imhotep, así se llamaba el niño, y yo. Tomé uno de los quesitos y le hice avioncito. Dejó de llorar, sonrió y comió un poquito. Otro vuelo, otra sonrisa, otro mordisco. Así hasta terminar el queso. Las risas se escucharon desde el asiento de adelante, así que apareció Alfonso, otro de los hermanos. Con una mano queso a uno, con la otra banana al otro. Y en eso aparece Nemesio, el mayor. Abreviemos…pasados unos minutos, dos niños a upa y uno al costado. Todos viendo por la ventana. Así cruzamos por Gibraltar. Cuando se vio algo de tierra Nemesio dijo en voz alta: estamos en España Alfi. Demasiada ternura para un solo niño. Imhotep tenía que tomar un yogurt y se negaba. Cuchara a cuchara conseguí que lo tomara. Un poco cayó en mi pantalón recién salido del lavadero…pero no me importó. Cada tanto la mamá me ofrecía algo para comer y me daba las gracias. Nunca supo que debía darle yo las gracias…compartir el vuelo con esos pequeños fue una gran experiencia.

Si bien preguntaron mi nombre, todo el tiempo me llamaron señora. Llegó el momento del descenso. Esta vez Imhotep tomó mi mano. Descendieron todos los pasajeros y quedamos solo nosotros. Le puse la chaqueta a los que tenía más cerca y bajé con uno en cada mano.

El resto de los pasajeros nos sacaron ventajas…caminábamos solos por Barajas tratando de encontrar la parte del equipaje que contenía un cochecito para llevar a las mellizas. Me despedí con un beso de cada uno. Nemesio prometió hacerme un collar de conchillas después de hacerle uno a la abuela y traérmelo hasta mi casa para poder jugar conmigo en el patio.

Me separé del grupo y escuchaba un coro a la distancia: chau señora. Pasé por el baño…recorrí los pasillos y en un lugar veo 3 pequeños de pantalones naranjas que vienen corriendo pidiendo besos y abrazos. Estábamos todos en migraciones. La joven de la oficina completó el formulario por mi. Se dio cuenta que jugando con 3 niños no se podía. Se alejaban alternativamente unos metros solo para tomar impulso, decir señora y darme un abrazo. Sellaron mi pasaporte y con la misma intensidad cada uno me estampó el último beso en la mejilla…diciendo esa vez un definitivo chau señora.

Creo que eran de Madrid, Nemesio tenía 5 años, Alfonso 3 e Imhotep casi 2. Es lo único que supe de ellos…los recuerdo con sus chombas rayadas, pantalones de corderoy, ojos de color cielo y sonrisas perfectamente dibujadas.

Alguien que no me conoce podría pensar ‘no te dejaron dormir’…eso es lo de menos…disfruté muchísimo las 2 horas de vuelo. No me acordaba lo lindo que es jugar con niñitos pequeños.

María, me olvidé de tomarles una foto!!!!!!
P/D. Si alguien alguna vez se cruza con ellos, por favor, salúdenlos de mi parte…

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