Podría no parar de escribir hasta que me gane el sueño…pero igualmente me quedarían pendientes por contar.

París es todo lo que dicen y mucho más. Alcancé a dormir 3 ó 4 horas cada noche, quería aprovechar al máximo.

Tiene colores, sabores y olores que solo encontré ahí. Nada se compara. Y no me refiero a la torre de 321 metros construída en 2 años, 2 meses y 4 días ni a los 18 kilómetros que tiene el Louvre por dentro ni al obelisco traído desde Egipto y colocado en la plaza de la Concordia ni el pan de Paul’s mirando el arco de triunfo ni a la catedral de Notre Dame ni al Panteón ni a sus perfumes ni a nada de lo que imaginé antes.

Lo que tiene París no se puede escribir ni mostrar en fotos. Son ganas de que no se termine el día y luego que la noche continúe. Siempre hay algo para hacer. Mi hotel quedaba en Montparnasse…y desde ese barrio arrancaba cada mañana mi recorrida.
Un día tomé el Metro en Alessia y bajé en la Cité. Caminé hasta Notre Dame y el Panteón. Volví sobre mis pasos y pasé por la Sorbona. De ahí al Louvre…entrando por detrás. En ese patio trasero me interceptó una gitana mostrándome un anillo que acababa de encontrar y quería saber si era mío. De serlo, seguramente me pediría unos Euros para devolvérmelo y, como no era, muy probablemente ofrecería dármelo por algunos Euros ya que ella no lo quiere y necesita comer. Nunca supe cuales fueron las alternativas, le dije que no hablaba Francés y seguí. No voy a decir que recorrí el Louvre porque estaría mintiendo, sólo entré y observé las obras que más me interesaban. Al salir, otra gitana encontró un anillo de oro casi delante mío. Me reí, dije que no hablaba francés y que era el segundo anillo que encontraban en el día a mi paso. Se disculpó y se fue.

Salí del Louvre y seguí caminando hasta la plaza de la Concordia. Y no me iba a volver teniendo el Arco de Triunfo a escasos 1880 metros de ese lugar. Compré más agua y seguí. Me senté a tomar un café en Fouquete’s, el restaurante que jamás cerró…permanece abierto las 24 horas del día, los 7 días de la semana, los 12 meses del año. Paré a comer unos pancitos exquisitos en Paul’s y llegué a la plaza donde confluyen 12 avenidas. Imponente en el centro el Arco de Triunfo. No era el lugar para terminar el día…seguí a la izquierda por Avenida Kléber y llegué a ver la Torre Eiffel en el final de la Marathón de París. No esperé los 45 minutos reglamentarios para subir al primer piso. Mi amiga Marian me había dicho que no vale la pena y le creí. De fondo se veía Les desvalides, otrora hospital de veteranos, actual museo. El mapa decía que a 2 cuadras se encontraba la estación de Metro de Francisco Xavier. Se entiende si les digo que llegué con lo justo? Tuve que caminar para hacer una combinación y luego recorrer 4 cuadras desde la salida del metro hasta el hotel. Llegué de milagro. Apenas alcancé a darme una ducha y meterme en la cama. Intenté pensar en algo…y ya no pude. Dormí como su hubiese sido la última vez. Menuda travesía la mía. Perdí la cuenta de los kilómetros…pero mis borceguíes dieron fe que fueron muchos.

El resto de los días fueron similares. Siempre algo lindo para ver. Río o colina…todo ejercía fascinación sobre mi.

María, ya se por qué le dicen Ciudad Luz
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