EasyJet me llevó a Londres, desde Venecia, en un rato. Y el tren a la estación Victoria hizo el resto. En menos que canta un gallo estaba caminando por las calles de Kensington, tomando un Caffè Latte en Starbucks sin hacer cola.

Qué hermosa ciudad!!!!! Muchos se podrían quejar del clima, a mi esos detalles no me amedrentan. Como siempre caminé muchísimo. Vi el cambio de guardia en el palacio de Buckingham, la abadía de Westminster fue la cuota de religiosa de la ciudad, vi la hora exacta en el Big Ben, infaltable el crucero, el London Eye, el edificio del parlamento, el Puente, la iglesia de Saint Paul y un final de día en el Covent Garden. Una zona también conocida como theatreland. Esa noche me tocaba Chicago. Creo que va a ser difícil encontrar una Velma Kelly mejor que la que compuso Tiffany Graves.

Un chocolate caliente en Nero y a descansar un rato.

Mi último día en Londres empezó con un invitado de lujo: el sol. Ya desde el alba se adivinaba un gran día. Cargué la mochila de agua y frutas y dejé atrás el Oxford Hotel.

Mis planes eran sencillos: Penywern Road, Earl’s Court Garden, Knaresborough Place, Collinham Place hasta Cromwell Road y caminar hasta que me canse. Los nombres de las calles no tienen importancia, es sólo para presumir de mi mapa callejero…jejeje. 🙂

Cromwell Road me llevó nuevamente por esas casas que parecen hechas con moldes, todas iguales iguales, el museo de Historia Natural, alguna iglesia y bares lindos. No se cuanto caminé, se que pasé por Harrods, miré y seguí. La ciudad parecía mucho más tranquila que los días anteriores. Culpé al horario. Almorcé con una ardilla en Hyde Park y seguí caminando. De pronto Cromwell ya no era Cromwell sino Brompton Road y yo seguí. Quise tomar una foto del Ritz…pero parecía un edificio en construcción, las ventanas estaban cubiertas con postigones de madera pintados de azul. Seguí caminando. Mis pasos me llevaron a pasar por la Academia de Artes y ahí supe que ya estaba cerca del lugar donde quería ir.

No iba a sacar mis lentes en plenas vacaciones…achiné los ojos y miré para adelante. Si, un par de cuadras más y llegaba a Piccadilly Circus. Eso era obvio, estaba en la calla Piccadilly y al final se veía gente. Penúltima botella de agua en una esquina. Miré a mi alrededor y me pareció extraña la calma. No recordaba cuando había sido la última vez que vi pasar un auto por ahí…pero me parecía que ya llevaba varios minutos siendo peatonal. Y bueh…mejor para mi, más calle para mi sola. Conforme me iba acercando, más gente iba viendo. Y ahí entré a pensar que era demasiada gente hasta para la esquina del gran cartel de TDK y la estatua de Eros.

En la calle regalaban periódicos. Tomé uno y leí la portada. Se venía anunciando que iban a cortar las calles de la zona para manifestar en contra de la visita de Obama y pedir por el cese de la guerra en la reunión del G20. Y justo era ese día…y era en ese lugar. O me metía a la manifestación o a un restaurante. Elegí lo segundo. Hablé con el mozo del tema. Me dijo que no me preocupara, que se iban todos para Trafalgar Square. Y donde debía ir yo al teatro esa noche? A 2 cuadras de Trafalgar Square. Nada me importó, si o si iba a ver la puesta londinense del Fantasma de la Opera. Comí ese pollo con vegetales y fideos, tomé el capuccino y continué mi camino.

Los manifestantes empezaban a desconcentrarse. Me mezclé con algunos que me dieron sus panfletos y llegué al teatro. Un alivio decir mi nombre y que me dieran una platea comprada por Internet 2 meses antes.

Disfruté la obra y me fui al hotel…despacito…como intentando que esa noche no terminara. Si la llegada a Venecia fue EL momento del viaje…ésta era LA noche.

Sentí que me quedaron un montón de cosas por hacer…

María, transformando eso en deseos de volver…

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De 20090330_Londres
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